– Y de nuevo ha valido la pena

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Nos despertamos con la resaca del trabajo realizado durante las últimas semanas y empezando a hacernos en la idea de que la derecha ha ganado un terreno considerable tanto en el gobierno como en la oposición catalana: la derecha soberanista, la derecha españolista y la derecha independentista. Pero la derecha al fin y al cabo. Aunque el populismo fascista se haya quedado a las puertas del Parlamento no deja de ser significativo su crecimiento, y éste tendría que ser un aviso importante de cara a las elecciones municipales de la primavera del 2011. Después de ayer el Parlamento catalán será más neoliberal que nunca y, si ayer la lucha contra el sistema se enfrentaba a numerosos retos, a partir de hoy los derechos de las clases populares, de las mujeres, de la población de origen inmigrante, de las trabajadoras y trabajadores, de las personas jubiladas, entre muchos otros, peligran más que nunca. Hoy día 29 de noviembre, pues, no se acaba una lucha sino que se renueva, reflexiona y se prepara para encarar nuevas dificultades.

Los tres componentes del Tripartito, de manera diferenciada pero llena de paralelismos, pagan el precio que la subordinación de la izquierda al juego parlamentario y a la gestión del sistema lleva años imponiendo. Este precio inevitablemente se multiplica en tiempo de crisis. La pérdida de rumbo y de proyecto de político de la izquierda institucional, su apuesta por jugar a dos o tres bandas, el escandaloso contraste entre lo dicho y lo hecho, su aceptación de la inevitabilidad del capitalismo y, por lo tanto, de su “rescate”, deja cada día a más gente en la oscuridad y el frío del desencanto y el cinismo rabioso. De nada ha servido que Joan Herrera nos intentara seducir con esperanzas verdes o estéticas rebeldes: la esperanza de mucha gente ha sido destruida por sus traiciones y hace ya tiempo que escogimos ejercer nuestra rebeldía en el único lugar donde no puede ser cooptada: en la calle y desde un anticapitalismo sin concesiones.

Hace un año y medio recibí más de una y dos críticas por un texto que escribí en el que afirmaba que había valido la pena participar en una campaña electoral anticapitalista en el Parlamento europeo que acabó obteniendo unos 20.000 a todo el Estado español. Quizás algunas de las acusaciones de autoindulgencia tenían cierto fundamento desde un punto de vista electoralista y “cortoplacista”, pero en aquel momento, igual que ahora, para mí lo que realmente resultó importante fue el arranque (muy modesto, pero arrancado al fin y al cabo) de un proceso, de una inercia, de una ilusión colectivas sobre la posibilidad de cambiar nuestra sociedad de base.

Un año y medio después veo los 7.169 votos de Des de Baix de la misma manera. Queda por delante, indudablemente, mucha reflexión: sobre las dificultades que el actual contexto social, económico y político impone a la hora de intentar abrir una brecha mediática, política y social para cuestionar frontalmente el sistema; sobre los errores internos cometidos, sobre las carencias existentes, sobre las dificultades de llegar a más gente dentro de y fuera de la militancia radical; sobre la necesidad de descansar y tomar fuerzas para continuar el camino… Algunas de las conclusiones de estas reflexiones serán duras y difíciles de digerir pero sólo haciéndolo seremos capaces de avanzar.

Y avanzaremos no sólo porque tenemos 7.169 razones para hacerlo- que ya es muchísimo- sino principalmente porque estamos convencidos de que no nos queda ninguna otra opción. Des de Baix ha sido capaz de sumar voluntades, de hacer confluir complicidades, de transmitir ilusión a muchas personas. Y lo hemos hecho desmarcándonos de la lógica imperante, desde la honestidad, la valentía y la irreverencia. Sólo por eso ya estoy convencida que ha vuelto a valer la pena.

Sin embargo, ha quedado también muy claro que no hemos sido capaces de convencer a un sector importante de la izquierda alternativa, ya sea por su apuesta por la abstención pasiva o activa, por su preferencia por programas monográficos o por opciones independentistas claramente de derechas. En este sentido, en Des de Baix tendremos que reflexionar también sobre cómo conectar con estos sectores y seguir reivindicando no sólo la posibilidad sino también la urgencia de vincular la lucha anticapitalista, con la del derecho de los pueblos a decidir, con la de los derechos de los animales, con la de la cultura libre, con la feminista, con el antirracista, en definitiva, con la denuncia contundente contra todo tipo de opresión.

Dicho esto, también tengo claro que con eso no habrá suficiente. Nosotros nos tendremos que esforzar mucho más para transmitir el mensaje y seguir construyendo los puentes, pero mucha otra gente tendrá que hacer su parte para recibirlo y para cruzarlos: para encontrarnos todos en un punto, que existe, desde donde poder empezar a caminar juntos. Entre otras cosas, los resultados del 28-N muestran que son tiempos profundamente difíciles para la izquierda ANTI-SISTEMA y que únicamente podremos seguir multiplicando fuerzas si lo hacemos de forma unitaria. Y mientras que las elecciones municipales de la primavera serán un eje clave en torno al cual seguir tejiendo alianzas y complicidades, no es ésta la principal razón por la cual tenemos que hacerlo. A diferencia de lo que pueda parecer, no está en juego la obtención de cuatro concejales sino la consolidación de una resistencia valiente, honesta, generosa y solidaria frente a la agudización de la crisis sistémica y el endurecimiento de los ataques neoliberales, xenófobos, homófobos y patriarcales que seguiremos sufriendo las clases populares. Aunque a menudo desde la izquierda radical tendemos a pensar en términos de autoconstrucción, de protección de espacios políticos, de debates eternamente estériles y sospechosamente fratricidas y de purismos peligrosamente auto-referenciales, lo que realmente está en juego es la existencia o no de una alternativa creíble, coordinada, que no haga concesiones y que perdure y crezca en el tiempo. Una izquierda descarada y al mismo tiempo inclusiva y plural; una izquierda que no sea la casa de nadie pero que al mismo tiempo sea el hogar de todas y todos de los que quieran ser parte de ella; una izquierda de combate frente una derecha cada vez más combativa y una socialdemocracia cada día más desorientada y lejana.

Como decía hace pocas semanas un compañero de Kaosenlared, en estos momentos las clases populares estamos derrotadas, sí, pero ni de lejos estamos vencidas. Y de la derrota al contraataque no hay tanta distancia. Es cuestión de ponerse. Pase lo que pase, ha vuelto a valer la pena. Y si las 7.169 razones de Des de Baix contribuyen a multiplicar diálogos, puentes, espacios, batallas y voluntades, todavía habrá valido más.

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