– Quo Vadis, 15-M?

Original en català aquí

Sandra Ezquerra|Públic. El título de este artículo ha resultado sin duda una de las preguntas más veces repetidas durante las últimas semanas. Si bien en algunos casos ha sido formulada de manera retórica por parte de maliciosos analistas buscando evidenciar la supuesta falta de rumbo del movimiento, la mayoría de veces este interrogante ha respondido a un genuino deseo de conocer sus siguientes pasos, la concreción de las demandas y la forma que se propone adoptar a corto y medio plazo. Ante el silencio guardado por el 15-M, algunas hipótesis lanzadas por los expertos que lo observan desde la distancia han girado en torno a su capacidad de incidencia en las decisiones de la clase política e incluso su posible transformación en fuerza electoral.

Cualquiera que haya interactuado mínimamente con el movimiento, sin embargo, debería haber comprendido a estas alturas que las categorías convencionales y los conceptos clásicos de análisis no resultan muy útiles a la hora de prever sus próximos pasos. Lo que está pasando es más sencillo y a la vez mucho más grande. Más allá de las testimoniales concesiones que una desorientada clase política está llevando a cabo con el objetivo de salvaguardar su maltrecha legitimidad, e independientemente de la más que plausible incorporación de un puñado de indignados en las filas de la izquierda institucional, la verdadera importancia del 15-M yace en su inesperada configuración en espacio de gestación de una nueva generación de activistas sociales, de disidentes, de luchadoras, de pensadores críticas, de intelectuales orgánicos, de políticos profanos.

Estos nuevos actores sociopolíticos no se configuran siguiendo una receta ni manual. Lo hacen mediante la reflexión, el debate y, lo que es más importante, mediante la praxis. Cada nuevo paso del 15-M es un triunfo en sí mismo y, a su vez, cada nueva victoria, por simbólica que sea o parezca, permite acumular fuerzas para seguir caminando. El 15-M ha conseguido logros impensables para todo el mundo hace sólo unos meses: ha creado ágoras públicas de discusión en las que han participado miles de personas; ha cuestionado a la Junta electoral central, al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional, ha proclamado y practicado la diferencia entre legalidad y justicia, ha puesto el dedo en el ojo de algunas de las contradicciones más fundamentales de la democracia liberal; ha hecho frente a un brutal desalojo de la plaza Cataluya obligando a los Mossos d’Esquadra a retirarse en bloque y ha revelado, de nuevo mediante la práctica y sin dejar de ganar apoyo ciudadano en el proceso, que la violencia policial a menudo es irracional y caprichosa; ha ocupado Centros de Atención Primaria y consultorios médicos para impedir su cierre; ha parado desahucios de familias con la rabia, la pasión y los cuerpos como única arma.

Sus integrantes no participan en él para obtener ningún beneficio sino más bien porque en medio de un desolador panorama de precarización de sus vidas y recortes sociales sin precedentes, se han convencido finalmente que ya no tienen nada que perder. Pertenecer al 15-M no requiere ningún carné, únicamente ganas de recorrer el corto pero espinoso camino existente entre la desolación, la indignación y el compromiso. Así, las y los jóvenes que demuestran que la etiqueta de ni-nis fue siempre una falacia son 15-M, los parados y paradas que protestan en plaça de Sant Jaume son 15-M, las auxiliares de clínica indignadas son 15-M; las abuelas que ocupan el consultorio de la Colonia Güell son 15-M, los vecinos de Badia que luchan contra el cierre de su CAP o los de Gracia que intentan paralizar el cierre de sus urgencias son 15-M, los ciudadanos que irrumpen en las oficinas locales de la agencia Fitch de calificación de la deuda son 15-M, las usuarias y trabajadoras que se movilizan para detener el Expediente de Regulación de Empleo del Hospital del Mar son 15-M.

Lejos de constituir un ente de contornos delimitados e identidad monolítica, el 15-M constituye, por encima de todo, un proceso de politización a las antípodas de los códigos de la política profesional. Asimismo, pese a lo que digan las encuestas oficiales, anuncia el inicio de la muerte de la desafección ciudadana hacia la Política en mayúsculas; anuncia, como dice la bella expresión del filósofo Bensaïd, el fin de los fines. Ha plantado fértiles raíces de un profundo proceso de movilización popular, proceso que empieza a ser irreversible. He ahí su principal, sino el único, rasgo transversal: es un camino de no retorno. La próxima vez que los expertos pregunten a sus miembros hacia dónde se dirige, estos quizá deberían romper durante unos breves instantes su silencio y responder, sin ningún tipo de duda ni vacilación: hacia adelante.

Traducción del catalán del artículo publicado en el diario Público el miércoles 10 de agosto de 2011

One comment

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s