– Hagamos Vía y decidámoslo todo

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Sandra Ezquerra | La Independent El derecho del pueblo de Catalunya a decidir sobre su futuro se encuentra sin duda en el centro del debate mediático, político y social en la actualidad en nuestro país. Están a la orden del día conceptos tan cruciales como soberanía, autogobierno, autodeterminación y libertades nacionales y, en los últimos años, se ha articulado de manera creciente una importante cohesión entorno a la apuesta de celebrar un referéndum para hacer oír la voz de la ciudadanía sobre el el encaje de Catalunya en el Reino de España. Ante el inmovilismo reaccionario del gobierno español, cada vez son más las personas y los espacios que reclaman la celebración de la consulta, incluso si ésta constituye un acto masivo de desobediencia a las prescripciones de la beatificada Constitución Española. Es más, seguramente también en parte como resultado de la incapacidad de los gobiernos de gestionar el “problema catalán” de manera razonable, el consenso social en torno a la independencia de Catalunya y la creación de un Estado propio también ha multiplicado adhesiones y apoyos .

Las corrientes de pensamiento dominantes en el apogeo de la globalización neoliberal nos han explicado que los nacionalismos ya no tienen razón de ser en el siglo XXI y constituyen reacciones retrógradas frente a la libertad escenificada por el triunfo histórico de los mercados. Han omitido, sin embargo, no sólo el papel homogeneizador de la extensión global del capitalismo occidental sino particularmente la vigencia de los nacionalismos triunfantes como el francés, el norteamericano o el español, así como la parcialidad de lo que entienden por ser libres. Las banderas, en realidad, y particularmente aquellas que cuentan con un Estado centralista tras ellas, siguen escondiéndose bajo intervenciones militares neoimperialistas en países como Irak, Afganistán, Libia o Siria, el genocidio cultural y físico de minorías étnicas, la imposición de políticas antisociales a la mayoría de la población o la voluntad de españolizar los niños catalanes en el caso del Reino de España. Frente a lecturas tendenciosas de la agonía de los nacionalismos, hay que visualizar la excelente salud con la que aún cuenta el español y responder con contundencia a los perennes ataques, sean tras el estandarte que sean, contra los derechos de los pueblos a decidir existir.

El momento político en el que nos encontramos es histórico porque, después de siglos de debates sobre el encaje de Catalunya en el Reino, y pese a las más que sospechosas vacilaciones de Artur Mas, abre una grieta en los aparentemente infranqueables muros construidos sobre silencios, desmemoria y mentiras. Permite, en definitiva, visibilizar la naturaleza ficticia de lo que muchos y muchas todavía llaman España y la raíz autoritaria de un cada vez menos tímido nacionalismo español. La pugna, sin embargo, no puede ser en ningún caso entre proyectos nacionales basados ​​en sujetos y objetivos monolíticos sino entre la compulsión de imponer y la libertad de decidir, de ser, de existir. Y ésta debe incluir, sin duda, todas las esferas de nuestras vidas, tanto las colectivas como las más íntimas.

No nos sirve una nación catalana basada en la exclusión, el esencialismo y la asignación de carnés de buenos patriotas. El verdadero potencial emancipador del contexto actual radica en la oportunidad de crear una nueva realidad con la sociedad civil como personaje principal, de repensarlo todo, de alterar prioridades, de cambiar lógicas, incluyendo a todas y todos. Se presenta una ocasión sin precedentes para poner en duda la falacia de la nación española, pero también para problematizar la catalana y hacer entrar en la agenda política cuestiones que a nuestro govern le conviene esconder en su cajón. El pueblo de Catalunya no puede consentir convertirse en coartada de una libertad parcial y sesgada reivindicada por el gobierno de los que un día se creyeron los mejores. Es por ello que desde el Proceso Constituyente trabajamos por un cambio social en el que las libertades no sean entendidas de manera selectiva sino que, en su sentido más amplio y completo, se conviertan en protagonistas y razón de ser de un cambio radical del modelo social.

Lo que está en juego es demasiado trascendental como para ser gestionado en sombras de despachos o rincones de pasillos. Los que nos quieren gobernar desde estos lugares deberían haber previsto que resulta casi imposible volver a cerrar la caja de Pandora una vez empiezan a chirriar sus cerraduras, y el resto debemos aprovechar la ocasión para llevar la rendija abierta hasta las últimas consecuencias. Si verdaderamente estamos dispuestos y dispuestas a librar la batalla por la libertad y la independencia deberíamos hacerlo con cada una de sus letras y sus sentidos: libertad para decidir sobre los recortes sociales, libertad para no pagar la deuda, libertad para decidir sobre nuestro cuerpo, libertad para obtener una educación y acceso a atención sanitaria, libertad para nacionalizar la banca bajo control social, libertad para ejercer como ciudadanos sin importar donde hemos nacido, libertad para compartir conocimiento de manera ilimitada, libertad para ser madres, libertad para no serlo, libertad para acceder a una vivienda digna, libertad para amar a quien queramos, libertad para decidir juntas sobre todos los ámbitos que afectan a nuestras existencias, como pueblo pero también como comunidad, como familias, como personas y, por supuesto, como mujeres.

No se trata, como podrían argumentar algunos, de promover el caos y el individualismo, sino de que la libertad y la independencia se conviertan en fundamentos centrales y genuinos del país que queremos construir sin convertirnos en rehenes de retóricas mesiánicas o cálculos electoralistas. La asamblea de feminismos del Proceso Constituyente ya ha empezado a caminar, y tenemos claro que, de la misma manera que llevamos décadas escuchando que sin las mujeres no hay revolución, sin todas nosotras y sin nuestra libertad no hay independencia, ni proceso constituyente ni transformación social posible.

Algunas de las primeras decisiones del gobierno de CIU en 2010 fueron suprimir el programa de protección contra la violencia machista del Departament d’Interior o la Subdirección de Igualdad de Oportunidades del de Trabajo. Persiguen las mujeres musulmanas criminalizando su uso del velo integral y recortan en servicios de atención a las personas como Dependencia o guarderías, obligando a las mujeres a intensificar nuestros malabarismos para cuidar a los y las nuestras. ¿Estará dispuesto el Presidente Mas, el día que declare la independencia de Catalunya en la plaça Sant Jaume, a anunciar la despenalización absoluta e inmediata del aborto en el nuevo país o el derecho de las mujeres solas y/o lesbianas a acceder a la reproducción asistida por la sanidad pública? ¿Tendrá la voluntad de abolir la ley de extranjería? ¿Anunciará medidas para acabar con la explotación de decenas de miles de mujeres migradas trabajando en los hogares de la burguesía catalana a la sombra de la informalidad y la doble moral? ¿Prohibirá el uso de las balas de goma? ¿Pondrá fin a la criminalización de las trabajadoras sexuales? ¿Proclamará el impago de la deuda a las entidades financieras y la multiplicación del gasto social? ¿Desobedecerá a la Troika en sus imposiciones de austeridad? ¿Garantizará la igualdad efectiva de hombres y mujeres en el mercado laboral así como el reparto de los trabajos y la riqueza? ¿Despatologizará a las personas que se ven atrapadas en cuerpos o roles de género que les resultan ajenos? ¿Luchará de manera incondicional por el derecho al propio cuerpo?

No lo creo. Como tampoco creo que lo hicieran en caso de gobernar ninguno de los partidos del régimen. Es por ello que resulta más importante que nunca jugar la partida, pero dejando bien claro que hay un cambio de reglas, de árbitro y de jugadores. Le llamaban democracia y no lo es, pero no la resucitaremos sin un cambio de paradigma donde la autodeterminación y la soberanía sean inseparables de la solidaridad, del bienestar y del bien común. Y tenemos todas las de ganar, no sólo porque los superamos en número sino sobre todo porque tenemos razón. Queremos hacer vía, sí. Queremos independencia, sí. Para decidir todo. Todas. Y todos.

 Artículo publicado en catalán en La Independent el 11 de septiembre de 2013. Foto de Amada Santos

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