– Como un espejo

Un año después de la marcha de Marta Boada. Pinchar aquí para original en catalán.

Hace poco alguien me decía, Marta, que en cierto modo costaba mirarte porque eras como un espejo: un espejo de la inmensa labor que a menudo es necesaria para levantarse por la mañana y pasearse por la vida con una sonrisa en la cara, un espejo de las luchas que todas y todos llevamos a cabo para mantenernos de pie, un espejo del precario equilibrio existente entre nuestra fuerza y nuestra fragilidad. Un espejo también, por qué no decirlo, de nuestras enloquecidas vidas llenas de sprints y maratones, en las que no nos permitimos detenernos para preguntarnos, para decirnos, para comprender, cómo estamos. Cómo estamos; como somos; como seguimos.

Sospecho que no soy la única que piensa, y que casi no se atreve a decirlo en voz alta, que te fallamos. Fallamos en crear lugares donde los sueños y la pasión por el cambio se sostengan sobre espacios seguros y transparentes. Fallamos en ponerle música a nuestras acciones, en sonreír mientras asegurábamos que queríamos transformar el mundo, en acompañarnos en nuestros dolores, nuestras fugas, y en escucharnos cuando intuíamos que estábamos cansadas.

Aún me tengo que acostumbrar a tu puñetazo sobre la mesa, Marta. Te recuerdo construyendo con la paciencia y decisión del topo que sabe, que siempre ha sabido, que tiene razón. Te recuerdo buscando constantemente el por qué de todo. Te recuerdo crecida por tu inmensa dignidad aquella noche que recibiste las hostias y los insultos de los mossos. Te recuerdo llena de certeza de que, sin ningún tipo de duda, acabaremos ganando.

Sé que no ayuda a nadie preguntarme más que podría haber hecho para pararte. En cierto sentido es una manera de no dejarte ir del todo. Sólo me queda, pienso, me queda y nos queda, continuar la lucha. Continuarla como si tú todavía estuvieras, pero aún más y mejor. Continuarla porque tú aún estás. Y continuarla porque si algún día te hubiera dicho que quería tirar la toalla tú, incrédula, me hubieras mirado y te habrías echado a reír.

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