Luchas de segunda?

Sindillar

Sandra Ezquerra. Por mucho que nos empeñemos en ser políticamente correctos, no deberíamos hacernos los remolones a la hora de reconocer que tanto entre la izquierda política como entre los movimientos sociales sigue habiendo luchas de primera y luchas de segunda. Buen ejemplo de ello son las a menudo poco concurridas manifestaciones a favor del derecho a decidir de las mujeres sobre nuestro propio cuerpo o la escasa presencia de persona autóctonas en las movilizaciones a favor de los derechos y libertades de las personas de origen inmigrantes. Cuando combinas “marginalidades” la cosa se complica y el caso de las trabajadoras del hogar y cuidadoras en el Estado español, casi todas ellas provenientes de países de fuera de la Unión Europea, es paradigmático.

No me detendré hoy a hacer un análisis en profundidad de la enorme importancia que, a pesar de su invisibilización, el trabajo doméstico y de cuidados tiene en nuestra sociedad. Sí que me gustaría, no obstante, sumarme a las voces de muchas compañeras que llevan tiempo exigiendo que los derechos humanos, sociales, laborales, políticos y económicos de las personas que lo realizan tengan un lugar central en el trabajo de sindicatos y otros movimientos sociales. Afortunadamente, las mujeres del sector no han esperado a que se tome en consideración su situación desde otros espacios activistas, y se auto-organizan para defender sus derechos y denunciar los abusos que sufren cada día. Sindillar es un buen ejemplo de ello.

Una cosa que me está resultando muy interesante de mi estancia en Estados Unidos es no solo la capacidad de las trabajadoras del hogar y las cuidadoras de organizarse y generar sus propios espacios de lucha sino también el gran trabajo que han hecho a la hora de construir alianzas con otros colectivos sociales que, a pesar de que a veces se les presentan como rivales, deberían ser esenciales compañeros de viaje. Un ejemplo de ello es la campaña lanzada por la National Domestic Workers Alliance llamada Caring Across Generations, en la que básicamente se explicita que tanto trabajadoras del hogar y del cuidado como personas mayores u otras personas en situación de autonomía restringida comparten la absoluta negligencia del Estado en relación a los derechos laborales, servicios sociales, prestaciones sanitaria y garantías de dignidad de colectivos sociales particularmente vulnerables. La pregunta que llevo haciéndome desde que llegué a Nueva York es, a parte de seguir trabajando en generar alianzas con el  movimiento sindical y otros movimientos sociales, por qué no apostar por impulsar una entre las personas proveedoras de cuidados y las personas que los reciben? Por qué no denunciar juntos y juntas los recortes sociales, laborales y en derechos y libertades compartidos. No seriamos muchos más? No seriamos más fuertes?

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