Las mujeres ante el 29-S: huelga, crisis y respuestas

S. Ezquerra/Diagonal [1]. Si bien los últimos dos años han sido testigos de múltiples movilizaciones de la izquierda combativa denunciando tanto las causas sistémicas como las respuestas políticas a la peor crisis económica y social vivida en décadas, lo cierto es que hemos estado bastante solos y solas. Hace tiempo que la izquierda institucional renunció a ser oposición contundente y creíble, y los grandes sindicatos han ido dando golpes de ciego, no exentos de ciertas dosis de desidia, en un Diálogo Social en el que cada vez está más claro que mientras (sólo) unos son escuchados los otros (sólo) acatan. Por suerte, parece que empiezan a mostrar ciertos síntomas de desperezo y por fin han pronunciado la palabra mágica que muchas y muchos llevamos tiempo esperando: Huelga General. Mal y tarde, pero bienvenida sea.

La naturaleza insostenible de la economía española, principal responsable del estallido y de la gran envergadura de la crisis, ha provocado la alteración coyuntural de un patrón histórico: el recorte de las diferencias entre las tasas de paro masculino y femenino y, en algunos momentos, tasas de desocupación masculinas más altas. Esta alteración, ocasionada por la explosión de la burbuja inmobiliaria y los masivos EREs en la industria, ha resultado en una generalización del mensaje mediático de que los hombres han sido los más golpeados por la crisis. Este discurso, no obstante, ha invisibilizado la persistente vulnerabilidad de las mujeres en el mercado laboral, la cuál es provocada por la continuación de nuestra identificación con el cuidado y el hogar, motor, a su vez, tanto de nuestras peores condiciones laborales- mayores tasas de parcialidad y temporalidad, mayor concentración en la economía informal, un salario medio 25% inferior al de los hombres, etc.- como de su agravamiento en tiempos de crisis.

La perspectiva de género también ha brillado por su ausencia en las respuestas del gobierno, que en un inicio estuvieron destinadas a la promoción de ocupación masculina y, a continuación, en un giro coherentemente esquizofrénico, vinieron marcadas por los recortes en gasto público. Éstos últimos tendrán un gran impacto sobre las mujeres, ya que nuestra importante presencia en el sector público hará que seamos las principales víctimas de la reducción de salarios y la eliminación de empleo. Además, nuestra vulnerabilidad económica y social nos hará sufrir de forma especialmente grave los recortes sociales y, la pérdida de apoyo público a las familias será compensada, de nuevo, por la intensificación de nuestro trabajo de cuidados invisible y gratuito.

Las medidas actualmente sobre el tapete, la Reforma Laboral y la de las pensiones, constituyen no sólo un punto de inflexión en la relación entre capital y trabajo sino también un nuevo ataque indirecto a la situación de las mujeres. La Reforma Laboral elimina la bonificación para nuestra contratación que, a pesar de que constituía un remedio claramente insuficiente, no pasa a ser reemplazada por un ataque real a las causas estructurales de nuestra discriminación laboral. Además, mantiene los incentivos a la contratación parcial, principal motor de la dualización de género del mercado de trabajo. En tercer lugar, la mayor movilidad que introduce la Reforma perjudica comparativamente a las mujeres, ya que solemos disponer de menor flexibilidad que los hombres. Finalmente, no incluye a las empleadas del hogar en el ET, perpetuando así la discriminación de una actividad laboral históricamente femenina y en la actualidad llevada a cabo mayoritariamente por mujeres de origen migrante.

Por otro lado, la congelación de las pensiones y la propuesta de ampliar el período de cálculo de cotización afectará particularmente a las mujeres quiénes, a raíz de nuestra concentración en la economía informal, así como de la frecuente interrupción de nuestra vida laboral para cuidar de hijos y otras familiares, encontraremos más dificultades a la hora de sumar la cotización exigida.

La desigualdad e invisibilidad históricas que soportamos las mujeres se ven reproducidas tanto por la crisis como por las medidas supuestamente diseñadas para paliarla, pero no se deben dar de ninguna manera en la lucha. La huelga general ha de ser un día de denuncia y reivindicación de todos los movimientos sociales, incluido el movimiento feminista. Porque la crisis y el 29-S también son cosa de mujeres.

[1] Artículo aparecido en Diagonal, número 23, el jueves 16 de septiembre.

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