Mes: Setembre de 2010

Vaga general: el 29 de setembre les dones també tenim una cita al carrer

Sandra Ezquerra|La Directa[1]. Arrel del Primer de Maig alternatiu d’aquest any a Barcelona vàries activistes del feminisme anticapitalista ens vam reunir i expressàrem que la defensa dels drets laborals i socials ha d’incloure també una lluita contra les desigualtats que totes les dones seguim patint i que s’aguditzen en temps de crisi com l’actual. Si bé avui les dones sumem el 45,22% de la població activa registrada i el 45,60% de les persones compatibilitzades com a ocupades a Catalunya, els debats polítics, socials i fins i tot sindicals entorn els efectes de la crisi i les respostes del govern no solen prendre en consideració la nostra realitat en tant que dones al mercat de treball i a la societat en general.

Les batalles lliurades pel moviment feminista han obtingut victòries inimaginables fa només unes dècades. Les dones del nou mil·lenni en som hereves i beneficiàries: gaudim d’un major accés a recursos, d’una major presència en l’àmbit públic i d’una progressiva, malgrat que insuficient, incorporació de les nostres demandes en la legislació dels últims anys. Tanmateix, ens queda un llarg camí per recórrer. La nostra presència al mercat laboral segueix estant caracteritzada per altes taxes de parcialitat, de temporalitat, de discriminació salarial, de segregació, etc. Aquesta presència secundària resulta, malgrat els discursos que anuncien la mort del patriarcat, del fet que les càrregues domèstiques i de cura continuen, encara a dia d’avui, recaient sobre nosaltres. Les dones tenim grans dificultats per conciliar vida laboral amb vida personal i familiar, i això té efectes enormement negatius en la nostra capacitat d’accedir a una feina remunerada, en les nostres condicions laborals i en la nostra qualitat de vida.

Pel que fa a les respostes de les administracions, les retallades en despesa pública tindran un impacte desproporcionat sobre les dones, ja que la nostra important presència en el sector públic farà que siguem nosaltres les principals víctimes de la reducció de salaris i llocs de treball. A més, la nostra precarietat ens farà patir de forma especialment greu les retallades socials, i la pèrdua de suport públic a les famílies serà compensada, de nou, per la intensificació del nostre treball de cura a la llar.

La Reforma Laboral, a banda d’accentuar la vulnerabilitat específica de les dones, elimina la bonificació per a la nostra contractació, la qual, si bé constituïa un remei clarament insuficient, no passa a ser substituïda per una prevenció de les causes de fons de la nostra discriminació laboral. A més, la Reforma conserva intactes els incentius a la contractació parcial, principal causa de la dualització per gènere del mercat de treball, i reforça d’aquesta manera la inserció laboral precària de les dones i la nostra responsabilitat desproporcionada en tasques de la llar. D’altra banda, la major mobilitat que introdueix la Reforma perjudica comparativament a les dones, ja que disposem de menor flexibilitat que els homes. Finalment, la Reforma no inclou les treballadores del servei de la llar dins l’ET i perpetua així la discriminació d’un activitat laboral històricament femenina i duta a terme avui en dia majoritàriament per dones migrades. Pel que fa a la proposta de reforma de les pensions, l’ampliació del període de càlcul de cotització per a les pensions també afectarà particularment a les dones: arrel de la nostra concentració en l’economia informal i precària, així com de la freqüent interrupció de la nostra vida laboral per tenir cura de fills i altres familiars, trobarem més dificultats a l’hora d’assolir la cotització exigida.

És per tot això que la vaga general també ha de ser una lluita feminista. A nosaltres també ens sobren els motius per dir NO a aquesta crisi i a les reformes que la fan caure sobre les i els que no l’hem creada. El 29 de setembre les dones també tenim una cita ineludible al carrer.

[1] Article aparegut el 22 de setembre al número 197 de La Directa.

 

La reforma de las pensiones y el 29-S: contra la tecnificación de la política

Hace un par de semanas asistí por trabajo a un seminario sobre los retos a los que se enfrenta el Estado del bienestar en el actual contexto de crisis. Antes de la celebración del curso había tenido la expectativa de que numerosos expertos nos proporcionarían información valiosa para poder debatir en profundidad sobre las encrucijadas ante las que se encuentra el Estado social y valorar las distintas propuestas de acción lanzadas desde múltiples espacios sociales, científicos y políticos.

Nada de eso.

Mis compañeros y yo tuvimos que sentarnos durante tres largos días a escuchar, ponencia tras ponencia, que el envejecimiento de la población española hace impostergable la reforma de las pensiones. Algunos de los ponentes incluso plantearon que el retraso de dos años en la edad de jubilación no supondría, por diversas razones, una solución al inminente cataclismo, y se centraron en la necesidad de ampliar los períodos de cotización requeridos para poder cobrar el 100% de la contribución de 25 a 35 años  así como de incrementar el período de contabilización para el cálculo de las pensiones. Ante las preguntas por parte del público sobre las consecuencias que estas medidas tendrían para las personas cuya vida laboral oficial y productiva haya sido menor de 35 años, para las mujeres que se hayan acogido a excedencias para cuidar de familiares o para los millones de trabajadores y trabajadoras de la nada insignificante economía informal española, tanto moderadores como ponentes, enfundados en trajes impecables y acicalados en pelo engominado, respondieron airados que era inadmisible que se instrumentalizara políticamente la cuestión de las pensiones cuando el debate es única y exclusivamente técnico. Total, pensé yo, sólo estamos hablando aquí de distintos modelos de sociedad ¿para qué politizarlo?

Mientras tomaba notas y me preguntaba cuándo empezó la técnica a reemplazar a la política, esbocé unos números para calcular, según las propuestas de los expertos sentados ante mí, cuándo me sería posible jubilarme. El resultado fue, teniendo en cuenta mi vida formativa, mis numerosos años cobrando en negro y/o cotizando en otro país y mi reciente incorporación en el mercado laboral formal catalán, y aceptando que de aquí a que me jubile no podré dejar de cotizar en ningún momento, tendré suerte si me convierto en pensionista a los 79 años. Eso si aún estoy viva, claro.  Antes de finalizar el seminario, de manera surrealista, después de haber pasado dos días visualizando ecuaciones incomprensibles y oyendo hablar de tasas de dependencia, riesgo de longevidad, rentabilidad de la privatización de la atención a la dependencia, envejecimiento preocupante y pírricas tasas de fertilidad, los organizadores del evento nos deleitaron con una mesa redonda sobre las ventajas y maravillas de los planes privados de pensiones. Mientras tomaba el tren para volver a mi ciudad tras el fin del curso, pensaba que tenía suerte de no haber salido de él con uno de esos planes privados bajo el brazo.

A los pocos días de este episodio, los medios de comunicación han empezado a bombardearnos de nuevo sobre la inevitabilidad de todas las medidas propuestas en mi seminario. Con rabia y frustración he podido leer cada mañana en los periódicos cómo el gobierno de Zapatero vuelve a la carga con la reforma de las pensiones: el alargamiento de la edad laboral y la ampliación de períodos de cálculos y de cotización cada vez se da más por hecha.

Esta mañana, no obstante, ha sido el colofón: los periódicos aparecían con extensos reportajes sobre el sistema de pensiones desvelando, ya no únicamente que la reforma de las pensiones constituye un paso más en el lento pero imparable languidecimiento del Estado del bienestar, sino que en realidad el recorte del sistema público de pensiones es imprescindible para evitar el hundimiento de los fondos privados. Numerosos artículos hablaban sobre el peligro de quiebra de los fondos privados de capitalización que, al estar mayoritariamente vinculados a la evolución de la bolsa, se han venido abajo como consecuencia del colapso financiero de hace dos años. Millones de trabajadores y trabajadoras de todo el mundo ven amenazado su derecho a acceder a las pensiones en las que llevan años invirtiendo y ahorrando, y la crisis de los fondos privados, así como la presión para reducir las pérdidas, está moviéndolos cada vez más hacia inversiones en derivados. La OCDE prevé un incremento de la vinculación entre los fondos de pensiones y los hedge funds, y se espera que los primeros sean actores cada vez más relevantes en los mercados. Como resultado, se vuelve cada vez más imprescindible una reducción de los recursos públicos para la jubilación para que los ciudadanos y ciudadanas se vean obligadas a contratar un fondo privado que, vista la creciente aceleración de la carrera del capitalismo global hacia la auto-implosión, estará destinado a realizar incontables triples saltos mortales sin red en una economía cada vez más especulativa para garantizar que unos pocos se llenen los bolsillos hasta reventarlos y, una vez todo ese dinero se esfume como por arte de magia al estallar la enésima burbuja, desaparezcan sin tener la decencia de explicarles a millones de personas que apostaron a la ruleta rusa su seguridad, su futuro, su vida. Ante todo esto, los gobiernos continúan diseñando nuevos incentivos fiscales para la contratación de pensiones privadas y miran hacia otro lado cuando la ciudadanía les exige que receten medicinas para la psicopatía de sus colegas los mercados y las instituciones financieras. Y, de nuevo, legitiman el robo de unos cuantos derechos nuestros para garantizar el empacho de veinte criminales.

Si sobre algo aprendí en aquel seminario fue sobre el oscuro proceso de crear verdades impepinables disfrazándolas de inevitabilidades técnicas: esboza cuatro ecuaciones ininteligibles con unos cuantos signos griegos, explica a la gente el apocalipsis resultante de no seguir las directrices de las fórmulas que ni siquiera tú entiendes y al cabo de un rato ya tienes otra herramienta para ampliar aún más en el imaginario social la distancia entre lo posible y lo deseable. Y lo deseable cada vez parece más remoto, porque los números ya no dan…

Y de nuevo me pregunto ¿cuando empezó la técnica a substituir a la política? ¿Cuándo empezamos a creernos que nuestro futuro es determinable por cálculos oscuros y crípticos? ¿No será que en algún momento se dieron cuenta de que la verdad “científica” sofoca más rebeliones que la fuerza directa? ¿Para qué reprimir el disenso si puedes convencer a la gente elocuente y pacientemente de que no hay otra vía? Y, lo más importante, ¿cuándo vamos a dejar todos y todas de permitir que nos traten como idiotas y darnos cuenta de una vez por todas de que la pugna por definir las reglas del juego continúa abierta? Nos llevan mucha ventaja, sí, pero seguimos en el juego. ¿Cuándo vamos a dejar de ser jugadores pasivos?

El 29-S podría ser un buen inicio.

Las mujeres ante el 29-S: huelga, crisis y respuestas

S. Ezquerra/Diagonal [1]. Si bien los últimos dos años han sido testigos de múltiples movilizaciones de la izquierda combativa denunciando tanto las causas sistémicas como las respuestas políticas a la peor crisis económica y social vivida en décadas, lo cierto es que hemos estado bastante solos y solas. Hace tiempo que la izquierda institucional renunció a ser oposición contundente y creíble, y los grandes sindicatos han ido dando golpes de ciego, no exentos de ciertas dosis de desidia, en un Diálogo Social en el que cada vez está más claro que mientras (sólo) unos son escuchados los otros (sólo) acatan. Por suerte, parece que empiezan a mostrar ciertos síntomas de desperezo y por fin han pronunciado la palabra mágica que muchas y muchos llevamos tiempo esperando: Huelga General. Mal y tarde, pero bienvenida sea.

La naturaleza insostenible de la economía española, principal responsable del estallido y de la gran envergadura de la crisis, ha provocado la alteración coyuntural de un patrón histórico: el recorte de las diferencias entre las tasas de paro masculino y femenino y, en algunos momentos, tasas de desocupación masculinas más altas. Esta alteración, ocasionada por la explosión de la burbuja inmobiliaria y los masivos EREs en la industria, ha resultado en una generalización del mensaje mediático de que los hombres han sido los más golpeados por la crisis. Este discurso, no obstante, ha invisibilizado la persistente vulnerabilidad de las mujeres en el mercado laboral, la cuál es provocada por la continuación de nuestra identificación con el cuidado y el hogar, motor, a su vez, tanto de nuestras peores condiciones laborales- mayores tasas de parcialidad y temporalidad, mayor concentración en la economía informal, un salario medio 25% inferior al de los hombres, etc.- como de su agravamiento en tiempos de crisis.

La perspectiva de género también ha brillado por su ausencia en las respuestas del gobierno, que en un inicio estuvieron destinadas a la promoción de ocupación masculina y, a continuación, en un giro coherentemente esquizofrénico, vinieron marcadas por los recortes en gasto público. Éstos últimos tendrán un gran impacto sobre las mujeres, ya que nuestra importante presencia en el sector público hará que seamos las principales víctimas de la reducción de salarios y la eliminación de empleo. Además, nuestra vulnerabilidad económica y social nos hará sufrir de forma especialmente grave los recortes sociales y, la pérdida de apoyo público a las familias será compensada, de nuevo, por la intensificación de nuestro trabajo de cuidados invisible y gratuito.

Las medidas actualmente sobre el tapete, la Reforma Laboral y la de las pensiones, constituyen no sólo un punto de inflexión en la relación entre capital y trabajo sino también un nuevo ataque indirecto a la situación de las mujeres. La Reforma Laboral elimina la bonificación para nuestra contratación que, a pesar de que constituía un remedio claramente insuficiente, no pasa a ser reemplazada por un ataque real a las causas estructurales de nuestra discriminación laboral. Además, mantiene los incentivos a la contratación parcial, principal motor de la dualización de género del mercado de trabajo. En tercer lugar, la mayor movilidad que introduce la Reforma perjudica comparativamente a las mujeres, ya que solemos disponer de menor flexibilidad que los hombres. Finalmente, no incluye a las empleadas del hogar en el ET, perpetuando así la discriminación de una actividad laboral históricamente femenina y en la actualidad llevada a cabo mayoritariamente por mujeres de origen migrante.

Por otro lado, la congelación de las pensiones y la propuesta de ampliar el período de cálculo de cotización afectará particularmente a las mujeres quiénes, a raíz de nuestra concentración en la economía informal, así como de la frecuente interrupción de nuestra vida laboral para cuidar de hijos y otras familiares, encontraremos más dificultades a la hora de sumar la cotización exigida.

La desigualdad e invisibilidad históricas que soportamos las mujeres se ven reproducidas tanto por la crisis como por las medidas supuestamente diseñadas para paliarla, pero no se deben dar de ninguna manera en la lucha. La huelga general ha de ser un día de denuncia y reivindicación de todos los movimientos sociales, incluido el movimiento feminista. Porque la crisis y el 29-S también son cosa de mujeres.

[1] Artículo aparecido en Diagonal, número 23, el jueves 16 de septiembre.

29-S: a les dones també ens sobren els motius

Sandra Ezquerra/Público [1]. Es compleix el segon aniversari de l’esclat de la pitjor crisi econòmica en dècades i, afortunadament, no passarà desapercebut. Per fi els grans sindicats han descobert que en el diàleg social mentre uns parlen els altres acaten i, després de romandre impassibles als constants atacs contra els drets dels treballadors durant els últims anys, han optat per convocar la vaga general el 29 de setembre. Malament i tard, però benvinguda sigui.

Una constant des del 2008 ha estat el missatge dels mitjans de comunicació que els més colpejats per la crisi són els homes. De fet, si bé a inicis del 2007 les taxes de desocupació masculina i femenina a Catalunya eren d’un 5,55% i 8,21%, a finals del 2009 s’havien revertit i convertit en un 18,15% per a ells i un 15,63% per a elles. El discurs de la crisi en masculí, no obstant, invisibilitza la vulnerabilitat de les dones en el mercat laboral, l’arrel de la qual rau en la persistent reclusió de les dones en l’àmbit domèstic. Aquesta segueix perjudicant les condicions laborals i familiars de les dones i les agreuja en temps de crisi com l’actual. Dit això, la desigualtat de gènere es manifesta en l’actualitat a Catalunya en el 78,86% dels contractes a temps parcial signats per dones front només el 47,50% dels indefinits, així com en una diferència del 25% entre el salari mig d’homes i dones i, entre d’altres, una major presència de les segones en l’economia submergida.

La lectura de gènere de la crisi també ha estat absent en les respostes de les administracions, que inicialment estigueren destinades a la promoció d’ocupació masculina i posteriorment vingueren marcades per les retallades en despesa pública. Aquestes tindran un impacte desproporcionat sobre les dones perquè la seva important presència en el sector públic farà que siguin les principals víctimes de la reducció de salaris i llocs de treball. A més, la seva precarietat les farà patir de forma especialment greu les retallades socials, i la pèrdua de suport públic a les famílies serà compensada, de nou, per la intensificació del seu treball de cura invisible i altruista. Les mesures estructurals actualment sobre la taula, la Reforma Laboral i la de les pensions, constitueixen un nou punt d’inflexió en la relació entre capital i treball i tindran també efectes particularment perniciosos sobre les dones.

A banda d’accentuar la vulnerabilitat específica de les dones, la Reforma Laboral elimina la bonificació per a la seva contractació, la qual, si bé constituïa un remei clarament insuficient, no passa a ser substituïda per una prevenció de les causes de fons de la discriminació laboral de les dones. A més, la Reforma manté els incentius a la contractació parcial, principal motor de la dualització per gènere del mercat laboral i, com a resultat, reforça la inserció laboral precària de les dones i la seva especialització en tasques reproductives. En quart lloc, la major mobilitat geogràfica i interna que introdueix la Reforma Laboral perjudica comparativament a les dones, ja que aquestes solen disposar de menor flexibilitat que els homes. Finalment, la Reforma Laboral no inclou les treballadores del servei de la llar dins l’Estatut dels Treballadors i perpetua així la discriminació d’un activitat laboral històricament femenina i actualment duta a terme majoritàriament per dones migrades.

D’altra banda, la congelació de les pensions i la proposta d’ampliar el període de càlcul de cotització afectarà particularment a les dones que, arrel de la seva concentració en l’economia informal i precària, així com de la freqüent interrupció de la seva vida laboral per tenir cura de fills i altres familiars, trobaran més dificultats a l’hora d’assolir la cotització exigida.

La desigualtat a la que es veuen abocades les dones no és reproduïda únicament per la crisi sinó també per les mesures suposadament dissenyades per a pal·liar-la. L’absència de les dones en les anàlisis i polítiques oficials no pot repetir-se en la vaga del 29-S. Aquesta ha de ser una lluita de tots els treballadors i treballadores, tant les remunerades com les que no ho són, ja que, a totes nosaltres, també ens sobren els motius.

[1] Article aparegut a Público el 16 de setembre.