Mujeres y crisis: entrevista en Diagonal

 

Entrevista publicada en Diagonal, Martes 24 de noviembre de 2009.  Número 113-114

DIAGONAL: ¿Cómo afecta esta crisis a las mujeres?

SANDRA EZQUERRA: En este momento, en general, estamos peor situadas para soportar la destrucción de empleo y la crisis, ya que no contamos con las mismas oportunidades económicas, laborales y sociales que los hombres. Además, nuestra cobertura por desempleo es más de 20 puntos porcentuales inferior a la de los hombres, ya que, como resultado de la precariedad y discriminación laboral que sufrimos, cotizamos menos y generamos menos derechos contributivos. Por otro lado, cuando nos encontramos en el paro, recibimos cantidades en forma de subsidios significativamente inferiores a las que reciben los hombres. Pasamos más tiempo en el paro que ellos, y el aumento del desempleo femenino se ha incrementado en todas las edades y perfiles de formación.

D.: ¿Qué realidades están detrás de los datos sobre el aumento del paro en relación al empleo femenino?

S.E.: Al principio de la crisis, sobre todo entre otoño de 2008 y la primavera de 2009, los medios destacaron que ésta estaba teniendo un impacto mayor sobre los hombres que sobre las mujeres. El estallido de la burbuja inmobiliaria, las deslocalizaciones y los ERE masivos en la industria, explican la aceleración que se dio del incremento del desempleo entre los hombres y los recortes de las diferencias entre paro masculino y paro femenino. A pesar de ello, es importante tener presente que la tendencia de crecimiento del paro empezó por ciertos sectores económicos, pero se ha ido haciendo extensiva cada vez más al conjunto de la sociedad. A partir de primavera, se empezó a visibilizar la crisis del sector servicios, muy afectado por la contracción de la demanda, y es donde existe el mayor porcentaje de mujeres ocupadas. La destrucción de empleo en este sector, caracterizado por sus altas tasas de precariedad y temporalidad, se ha intensificado con el final del verano, y esto tiene, y seguirá teniendo, un impacto dramático sobre miles de mujeres trabajadoras.

D.: ¿Por qué aseguras que ha crecido la sobreexplotación de las mujeres?

S.E.: Desde nuestra incorporación masiva al mercado laboral, las mujeres hemos sufrido una mayor vulnerabilidad que los hombres a causa, entre otros factores, de nuestra identificación histórica como responsables de las tareas domésticas y de cuidado. Dicha identificación ha condicionado nuestra presencia en el mercado laboral, ha permitido el mantenimiento de la doble jornada y potenciado el desarrollo de una sobreexplotación específica. Con ello, quiero decir que los hombres continúan teniendo una participación más alta en el mercado laboral y las mujeres continuamos sufriendo la precariedad, el subempleo y la discriminación laboral de manera más acusada. Por ejemplo, las mujeres inmigradas son una mayoría aplastante en el sector del trabajo doméstico, donde las oportunidades de movilidad laboral son inexistentes y que sigue regulado por un obsoleto Real Decreto 1424/1985 que ni siquiera garantiza derecho a paro.

Las mujeres estamos muy concentradas en trabajos como la limpieza, el telemárketing, el teletrabajo, la hostelería, servicios, etc. En sectores con un alto porcentaje de contrataciones temporales y a tiempo parcial, lo que significa trabajos mal remunerados y con poca cobertura social. Por ejemplo, más del 80% de las personas asalariadas con jornada parcial son mujeres y en más del 90% de estos casos, la razón es la necesidad de cuidar a un niño o un familiar en situación de autonomía restringida.

La insuficiencia de recursos públicos para la atención a la infancia y a la “dependencia” obliga a cientos de miles de trabajadoras a reducir su jornada laboral o a pedir permisos no retribuidos, lo cual comporta una disminución de su salario. Como hemos podido averiguar, los contratos a tiempo parcial, parte importante de las políticas neoliberales de flexibilización, tienen un impacto negativo en las condiciones de trabajo, en las prestaciones de jubilación y desempleo y en la trayectoria profesional y personal de la trabajadora.

Aunque durante los últimos 25 años la tasa de ocupación de las mujeres en el Estado español ha aumentado, continuamos estando infrarrepresentadas en puestos cualificados y de dirección, y seguimos concentradas en sectores que presentan altas tasas de flexibilidad y precariedad laboral. Esta segregación se traduce en diferencias retributivas importantes entre hombres y mujeres.

D.: ¿Qué papel tiene la crisis de cuidado en la crisis general?

S.E.: Lo que se viene a llamar la crisis de cuidado es resultado de distintas dinámicas sociales, demográficas y políticas. El envejecimiento de la población española y la incorporación de la mujer al mercado laboral no se ha visto acompañado por una respuesta por parte de los Estados que ayude a llenar el vacío de cuidado o atención que esta entrada ha generado. La crisis económica está afectando a la inversión en servicios sociales públicos y a la salud de la población en general. Esto no hará otra cosa que profundizar la crisis del cuidado gestada durante décadas de raquítico gasto social. De hecho, el gasto público en jardines de infancia en el Estado español ya es el más bajo de la UE, y leyes como la de la Dependencia no acaban de despegar por falta de presupuesto. Además, la Ley de Dependencia no cuestiona la división sexual del trabajo.

En general, estas tendencias agudizan la exclusión social creada por las tendencias privatizadoras de los últimos años, y suele descansar sobre los hombros del trabajo no remunerado de las mujeres por dos razones.

Primero, porque como principales responsables de la salud y el bienestar de las familias somos las que más sufrimos los recortes sociales, ya que multiplican nuestras responsabilidades de cuidado y limitan nuestra capacidad de conciliar vida personal, familiar y laboral. Por otro, todo ello nos ubica en una situación de desventaja en el mundo laboral. También cabe destacar que los recortes sociales se apoyan de manera importante sobre el trabajo de las mujeres inmigrantes, que llegan al Estado español para llenar el vacío de cuidado que la incorporación de las mujeres autóctonas al mercado laboral crea, así como la debilidad del Estado de bienestar.

D.: ¿Cómo afectan a las mujeres las medidas anticrisis puestas en marcha por las diferentes instituciones?

S.E.: Las medidas diseñadas por el Gobierno han sido destinadas principalmente a paliar los efectos de la crisis en sectores económicos marcadamente masculinos. De los más de diez mil millones de euros que se han destinado a crear empleo, el grueso ha ido al sector de la construcción, que ocupa a menos de un 2% de las mujeres. En los proyectos que se han financiado no se ha impuesto, por ejemplo, ninguna obligación referente a la presencia de mujeres en las contrataciones. Además, como medidas anticrisis se han estado prolongando las prestaciones de desempleo entre 90 y 120 días para las personas afectadas por expedientes de regulación cuando menos de un 20% de las personas afectadas por ERE han sido mujeres.

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