¿Dejarán de maltratar o pasarán a hacerlo sobrios?

violencia machista1Nos contaban esta mañana en la edición impresa de Público que la subcomisión de Igualdad pide explícitamente “que la exposición a los efectos de bebidas alcohólicas o a las drogas no debe contemplarse como circunstancia atenuante o de eximente” en los delitos relacionados con la violencia de género. Hasta ahí todo bien. Encuentro inaceptable que se presente el “consumo excesivo” de alcohol o drogas como excusa o coartada para evitar asumir responsabilidad por haber ejercido violencia, de cualquier tipo, hacia otra persona. Sea quién sea. No obstante, las recomendaciones de la subcomisión no se quedan ahí y, en lugar de limitarse a reivindicar la asunción de responsabilidades por parte de los agresores machistas independientemente de que estuvieran borrachos o no, pide que en los delitos relacionados con la violencia de género, de manera similar a los cometidos contra la seguridad vial, el consumo de alcohol y de drogas sea considerado un agravante. Según la (oficialista) Asociación de Mujeres Juristas Themis, “el consumo de alcohol y drogas se introdujo como agravante en los delitos relacionados con la seguridad vial, porque se vio como una manera de concienciar a los conductores, y está dando buenos resultados”. Parece ser que se espera que pase lo mismo con el maltrato de mujeres.

De esta manera, se aplica la lógica de introducir una medida represiva para lanzar un mensaje a la sociedad: de la misma forma que se dice que el endurecimiento de las penas en el contexto de la seguridad vial ha derivado en una mayor concienciación y responsabilidad en la carretera, se supone que el agravamiento de las penas que incluyen consumo de alcohol y otras drogas en el contexto de la violencia de género tendrá también un impacto positivo. Yo llevo todo el día preguntándome sobre este supuesto impacto positivo: ¿de qué estamos hablando? Si esta medida consigue mandar un mensaje a la sociedad, ¿quiere decir esto que los “maltratadores” dejarán de beber alcohol? Si es así, ¿directamente dejarán de maltratar? ¿o simplemente pasarán a hacerlo sobrios? Si beber alcohol (ni siquiera ser alcohólico) actualmente no es un delito, ¿cómo se justifica que se convierta en agravante en situaciones de violencia?

Seamos serios. Sin entrar aquí en la polémica sobre el alcohol como agravante en la seguridad vial, creo que es bastante evidente que la relación causa-efecto en este caso no es analógica ni traducible a la del plano de la violencia machista. Mientras que el consumo de alcohol tiene un impacto directo sobre mi capacidad de estar despierta, atenta, de reflejos y de reacción en un coche, no se puede decir lo mismo en el caso de la violencia machista. Aunque está comprobado que el consumo de alcohol y drogas puede, en muchos casos, actuar de detonante de una agresión, la relación entre X (alcohol o drogas) e Y (agresión) no es de causa-efecto. Es decir, el alcohol no es lo que convierte a un hombre en agresor sino lo que le “puede permitir” en situaciones determinadas ejercer una agresión. Si cayéramos en el (fácil) ejercicio de considerar el alcohol como causa estaríamos liberando a la sociedad de la responsabilidad y deber de examinar las ideologías y prácticas patriarcales que hacen que miles de hombres consideren normal o aceptable agredir a una mujer (bastaría con culpar al vino). Y, cómo no, de la responsabilidad y deber de transformarlas. En lugar de desarrollar estrategias y destinar recursos a reexaminar las relaciones patriarcales que organizan nuestra sociedad y que son el germen de la violencia machista, la Ley Integral contra la Violencia de Género y el estado proponen endurecer las penas en torno a detonantes o factores de riesgo para supuestamente reducir el fenómeno (la violencia machista) del que dichos detonantes ni siquiera son la causa.

Estamos, de esta manera, ante una situación doblemente absurda. Por un lado, presenciamos de nuevo la falacia legal de que un aumento de la represión y del castigo pueden en realidad actuar de preventivos. Por otro lado, se castigan hechos que ni siquiera explican (por lo menos por sí solos) la violencia machista, sino que en determinadas ocasiones pueden hacerla estallar y que en la mayoría de los casos no están relacionados con ella. Eso sí, es mucho más sencillo punir el consumo de alcohol que el patriarcado. Pero puestos a agravar, ¿por qué no se pone el gobierno a agravar las penas de violencia de género en base a la situación socioeconómica de la pareja? ¿Por qué no la agravan en los casos de situaciones de dependencia por parte de la mujer que le impide abandonar una situación abusiva? ¿Por qué no lo hacen cuando se da con mujeres inmigrantes en situación irregular que aguantan por miedo a que se las devuelva a sus países? ¿Por qué no lo hacen cuando se da entre jóvenes que no hacen más que imitar y reproducir los estereotipos de dominación y subordinación diseminados desde los medios de comunicación, las escuelas, etc.?

Pues porque si lo hicieran no sólo tendrían que reconocer que algo va mal, muy mal, sino que, inevitablemente, el foco del debate se desplazaría de las “conductas desviadas” de un puñado de violentos a las razones estructurales tras la violencia machista. Y esto, claro está, incluiría un debate, y un cuestionamiento, de las medidas político-económicas que provocan situaciones de estrés y crisis económica en miles de parejas; de las políticas (o su ausencia) que imposibilitan la independencia  y autonomía económica y social (y todas las clases de autonomía que se pueden derivar de éstas) de las mujeres respecto a los hombres; de una Ley de Extranjería que hace que las mujeres inmigrantes en el Estado Español sean “ciudadanas” de segunda y tercera clase; de unos medios de comunicación y un sistema educativo que reproducen y promueven cada día la legitimidad del sistema capitalista patriarcal. Hablar de estos factores, entre muchos otros, obligaría al gobierno a centrar el debate en torno a algunos de los principales males de la sociedad en el Estado español en la actualidad y, cómo no, a escuchar reivindicaciones y propuestas de soluciones que, lejos de agravar las penas de cuatro infelices borrachos, se referirían a la necesidad de sacudir el sistema, el mismo sistema que el gobierno gestiona, subvenciona y legitima, de arriba abajo.

Ya me imagino el titular en Público: “los efectos de las políticas perpetuadoras del capitalismo y el patriarcado aprobados por unanimidad en el Congreso como agravantes de la violencia machista…”. Eso sí que lanzaría un mensaje.

4 comments

  1. bona aportació, vinculant el patriarcat a la resta de les interseccions que donen forma i contingut al capitalisme i que evidencien la necessitat de respondre, resistir i compartir des d’un projecte combatiu!
    salutacions maresmenques!

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s