Sobre la pobreza sexual

tortuga Normalment no ho faig gaire això de penjar escrits d’altre gent. De fet, començar un blog era l’excusa per obligar-me a escriure, que és quelcom que m’encanta però que mai he prioritzat. Porto uns dies amb moltíssima feina i bastant dispersa, així que, sense que serveixi de massa precedent, us deixo un text que he trobat al facebook d’una amiga que m’està fent pensar bastant. A veure què us sembla…

Willful Disobedience

Una sociedad basada en la concentración de poder y el intercambio económico empobrece cada área de la vida, incluso las más personales.

Existe más o menos acuerdo cuando se habla de la liberación de la mujer, la liberación de l@s homosexuales e incluso la liberación sexual dentro del ámbito anarquista. Además es fácil encontrar análisis sobre la dominación masculina, sobre el patriarcado y el hetero-sexismo, pero la realidad del empobrecimiento sexual parece que ha sido ampliamente ignorada, lo concerniente a la expresión sexual se ha limitado a percepciones como monogamia, poligamia, poliamor y otros mecanismos similares de las relaciones amorosas. Según creo esta limitación es en sí misma, una reflexión de nuestro empobrecimiento sexual; nos limita a hablar de los mecanismos de las relaciones de manera que podamos evitar el cuestionarnos sobre la calidad de esas mismas relaciones.

Hay varios factores que influyen en el empobrecimiento sexual que experimentamos en esta sociedad. Si examinamos sus orígenes, las instituciones del matrimonio y la familia y la imposición de unas estructuras sociales patriarcales son importantes, y el papel que han jugado no puede ignorarse. Pero durante las últimas décadas, por lo menos aquí en el llamado Occidente, la fuerza de estas instituciones ha disminuido considerablemente. Sin embargo el empobrecimiento sexual no lo ha hecho. Quizá todo lo contrario. Se ha vuelto más intenso y lo sentimos de una forma más desesperada.

El mismo proceso que ha permitido el debilitamiento y la desintegración gradual de la familia es el que ahora sostiene el empobrecimiento sexual: el proceso de cosificación. La cosificación de la sexualidad es por supuesto tan antigua como la prostitución (y casi tan vieja como la civilización), pero en las últimas cinco décadas, la publicidad y los medios han cosificado la concepción de sexualidad. La publicidad nos ofrece un atractivo sexual que influye en las masas, vinculando la pasión espontánea con un desodorante, dentríficos, perfumes y coches. A través de las películas y la TV nos muestran imágenes sobre la facilidad con la cual un@ puede conseguir gente guapa dentro de su propia cama. Por supuesto, para ello hay que ser bellísim@ y atractiv@, y para conseguirlo nos sirven los desodorantes, perfumes, el gimnasio, las dietas y los productos para el cabello. Estamos adiestrad@s para desear imágenes de “belleza” de plástico que son inalcanzables porque en gran medida son ficticias. Esta creación de deseos artificiales e inalcanzables sirve perfectamente a las necesidades del Capital, ya que garantiza una continua sensación de insatisfacción que puede utilizarse para mantener a la gente comprando, en un intento desesperado de aliviar sus anhelos.

La cosificación de la sexualidad ha liderado un tipo de “liberación” dentro del esquema de las relaciones de mercado. No solamente porque sea muy frecuente ver relaciones sexuales entre personas solteras en la gran pantalla, sino porque cada vez más las relaciones de homosexualidad, bisexualidad e incluso alguna que otra rareza están logrando cierto nivel de aceptación entre la población. Por supuesto, de manera que sea útil a las necesidades del mercado. De hecho, estas prácticas son transformadas en identidades a las que uno se amolda de una forma más o menos estricta. De esta manera, se convierte en mucho más que la simple práctica de un determinado acto sexual. Así “estilos de vida” completos están asociados a ellos, implicando conformismo, predecibilidad, lugares específicos a los que ir, productos específicos que comprar. En este sentido, los gays, las lesbianas, los bisexuales, el cuero y las subculturas desarrollan sus funciones como objetivos de mercado al margen de la familia tradicional y del contexto generacional.

De hecho, la cosificación de la sexualidad permite que todas las formas de práctica sexual sean productos de venta. En el mercado sexual, todo el mundo trata de venderse así mismo al más alto postor mientras intenta comprar aquellos que le atraen al menor precio. Así, se crea el absurdo juego de jugar duro para conseguir o intentar presionar a otr@s para mantener relaciones sexuales. Y así se da, la posesividad que tan a menudo se desarrolla en las relaciones corrientes de “amor”. Después de todo en el régimen del mercado, ¿no es poseedor uno de lo que ha comprado?

En este contexto, el acto sexual tiende a tomarse en la misma medida; una forma cuantificable en consonancia con esta cosificación. Dentro de una sociedad capitalista no debería sorprender que la “liberación” de la franqueza sexual signifique predominantemente una discusión sobre el mecanismo del sexo. El juego del acto sexual se reduce no solamente al placer físico, sino más específicamente al orgasmo, y el discurso sexual se centra sobre los mecanismos más efectivos para lograr este orgasmo. No quiero ser malinterpretado. Un orgasmo eufórico es algo maravilloso. Pero centrar el encuentro sexual en lograr un orgasmo, no nos permite sentir el juego de perdernos en el otr@ aquí y ahora. Más que ser una inmersión del un@ en el otr@, el sexo centrado en alcanzar el orgasmo se convierte en una tarea que aspira a un objetivo futuro, la manipulación de ciertos organismos para lograr un fin. Tal y como yo lo veo, esto transforma el sexo en una actividad básicamente masturbatoria- dos personas usándose la una a la otra para lograr su fin deseado, intercambiando (desde el punto de vista estrictamente económico) placer sin dar nada de un@ mism@-. En dichas acciones deliberadas, no hay sitio para la espontaneidad, la pasión sin medida, o el abandono en manos del otr@.

Este es el contexto social de la sexualidad en nuestras vidas actuales. Dentro de este contexto hay muchos otros factores que refuerzan el empobrecimiento de la sexualidad. El Capitalismo necesita movimientos de liberación parcial de todos los tipos, tanto para la recuperación de la revuelta como para introducir la embrutecida ley del mercado en cada vez más aspectos de nuestra vida. Por ello el Capitalismo necesita del feminismo, de los movimientos de liberación raciales y nacionales, de la liberación de los gays y también por supuesto de la liberación sexual. Pero el capitalismo no hace uso de forma inmediata de todos los viejos métodos de dominación y explotación, y no lo hace porque son sistemas lentos y complicados. Las luchas de liberación parciales, mantienen su función recuperadora precisamente para continuar ejerciendo la vieja opresión como contrapartida para prevenir, que aquell@s involucrad@s en luchas de liberación, puedan percibir la escasez de su “liberación” dentro del orden social actual. De tal manera si el puritanismo y la opresión sexual hubiesen sido realmente erradicados dentro del capitalismo, la escasez de los sexshop más feministas, conscientes y amigos de los gays sería obvia.

Y así el puritanismo continua existiendo y no sólo como un vestigio de tiempos anteriores pasado de moda. Esto se manifiesta claramente en métodos obvios, tales como la presión aún vigente del matrimonio, (o por lo menos fundar una identidad como pareja) y tener una familia. Pero también se hace manifiesto de formas que la mayoría de las personas no perciben, porque nunca han considerado otras posibilidades. La adolescencia es la época en que los impulsos sexuales son más fuertes debido a los cambios que se producen en el cuerpo. En una sociedad sana, l@s adolescentes deberían tener la oportunidad de explorar sus deseos sin miedo o censura, deberían hacerlo de una forma abierta y aconsejad@s, si quieren, por l@s adult@s.

Mientras que los deseos intensivos de l@s adolescentes son claramente reconocidos (cuantas veces películas de humor o programas de la TV se basan en la intensidad de estos deseos y en la imposibilidad de explorarlos de una forma libre y abierta) en esta sociedad, no se crean métodos para que esos deseos puedan explorarse libremente, esta sociedad los censura, haciendo una llamada a la abstinencia, dejando a l@s adolescentes ignorando sus deseos, limitándolos a la masturbación o aceptando a menudo tener sexo rápido en situaciones de mucha presión y entornos nada confortables para evitar así que les pillen. Es difícil no extrañarse de que algún tipo de sexualidad sana se hubiese podido desarrollar bajo estas condiciones.

Porque el único tipo de “liberación” sexual de utilidad para el Capital es aquella que permita preservar la pobreza sexual, y utilizará todo tipo de herramientas para el mantenimiento de la represión sexual bajo el engaño de una liberación ficticia. Desde que las viejas justificaciones religiosas para la represión sexual, han dejado de ser validas para amplias porciones de la población, un miedo físico por el sexo actúa ahora como catalizador en la creación de un nuevo medio para la represión. Este miedo es promovido principalmente por dos frentes. En primer lugar es el miedo del depredador sexual. Ataque sexual a jóvenes, el acecho sexual y la violación son hechos muy reales. Pero los medios exageran la realidad con explicaciones sensacionalistas y especulaciones. El manejo de estos asuntos por parte de las autoridades y los medios no tienen como objetivo encargarse de estos problemas, sino seguir promoviendo el miedo. En realidad, los casos de violencia no sexual contra mujeres y niños (y me refiero específicamente a aquellos actos de violencia basados en el hecho de que las víctimas sean niños o mujeres) son la mayoría de las veces mas frecuentes que los actos de violencia sexual. Pero el sexo tiene un fuerte valor social que le concede a los actos de violencia sexual una imagen mucha mas siniestra*. Y el miedo promovido por los medios en relación con dichos actos refuerza una actitud social generalizada, de que el sexo es peligroso y debe ser reprimido o por lo menos públicamente controlado.

En segundo lugar, está el miedo a las enfermedades de transmisión sexual y en particular al SIDA. De hecho, a principios de los 80 el miedo a las enfermedades de transmisión sexual dejo de ser en gran medida un método útil para mantener a la gente alejada del sexo. La mayoría de estas enfermedades podían tratarse con relativa facilidad, y la gente mas inteligente se dio cuenta de la inutilidad de utilizar preservativos en la prevención de la propagación de enfermedades como la gonorrea, sífilis y muchas otras enfermedades. En esos momentos se descubrió el SIDA. Habría mucho que decir sobre el SIDA, muchas preguntas tendrían que ser planteadas, una gran cantidad de negocios sospechosos (en el sentido más literal del termino) referentes a este fenómeno, pero respecto al tema que estamos tratando, de nuevo el miedo al contagio de enfermedades de transmisión sexual se emplea para promover la abstinencia sexual o por lo menos, que la sexualidad sea menos espontánea, menos desordenada, y generar así encuentros sexuales más estériles.

En medio de tal ambiente de deformación sexual, otro factor desarrolla lo que parece ser inevitable. Una tendencia creciente a aferrarnos desesperadamente a aquell@s con quienes hemos conectado, aunque sea una conexión empobrecida. El miedo a estar sol@, sin amor, nos conduce a unirnos a amantes a los que ya hace mucho que hemos dejado de amar. Incluso cuando el sexo continúa existiendo en la relación, probablemente sea mecánico y ritual, y no un momento absoluto de entrega al otr@.

Y por supuesto, están aquell@s que simplemente sienten que no pueden manejar completamente esta tristeza, este medio desamparado de relaciones artificiales y conducidas por el miedo, y por eso nunca lo intentarán. No es una falta de deseo, lo que impone su “abstinencia”, sino la desgana de venderse así mism@ y una desesperanza ante la posibilidad de encuentros sexuales reales. A menudo estos son individuos que, en el pasado, se situaron en la línea de búsqueda de encuentros eróticos apasionados, intensos y fueron rechazados como artículos de inferior cuantía. Se apostaron, l@s otr@s compraron y vendieron. Y han perdido la esperanza de mantener la apuesta.

En cualquier caso, vivimos en una sociedad que empobrece todo tipo de contacto, los sexuales también. La liberación sexual -en el sentido real, que es nuestra liberación para explorar la plenitud del abandono erótico carnal en el otr@ (u otr@s)- nunca podrá realizarse por completo dentro de esta sociedad, porque esta sociedad necesita del empobrecimiento, de los encuentros sexuales cosificados, tanto como necesita que todas las interacciones sean cosificadas, medidas, calculadas. Así que los encuentros sexuales libres, como cada encuentro libre, sólo pueden existir contra esta sociedad. Pero esto no es un motivo de desesperación (la desesperación después de todo, no es más que el otro lado de la esperanza) sino más bien debe conducirnos a una exploración subversiva. El reino del amor es muy amplio, y existen infinitos caminos a explorar. La tendencia entre los anarquistas (por lo menos en los EE UU) de reducir las cuestiones de la liberación sexual al mecanismo de dichas relaciones (monogamia, no-monogamia, poliamor, “promiscuidad”, etc) debe ir mas allá. En la expresión sexual libre tiene cabida todo esto y mucho más. De hecho, la riqueza sexual no tiene nada que ver con ambos mecanismos (tanto las relaciones como los orgasmos) o con la cantidad (el capitalismo ha probado hace ya mucho tiempo que sus chorradas cada vez más efectivas todavía apestan a basura). Más bien consiste en el reconocimiento de que la satisfacción sexual no es exclusivamente una cuestión de placer como tal, sino concretamente del placer que brota del encuentro real y el reconocimiento, la unión de los deseos y los cuerpos, y la armonía, el placer y el éxtasis que se obtiene de ello.

Así, queda claro que necesitamos perseguir unos encuentros sexuales como los que buscamos para el resto de nuestras relaciones, en total oposición a esta sociedad, no por ser un deber revolucionario, sino porque es la única manera posible de tener relaciones sexuales plenas, ricas y desinhibidas en las cuales el amor deje de ser una desesperada dependencia mutua y en su lugar se transforme en la exploración extensiva de lo desconocido.

* El importantísimo asunto de la filosofía de la inocencia de la niñez -una filosofía que sólo sirve para mantener a l@s niñ@s en el lugar que les corresponde en esta sociedad- también esta relacionado con esto. Pero requeriría un artículo en si mismo simplemente para comenzar a abordar el tema.

Fuente: Willful Disobedience

Volume 4, number 3-4, Fall-Winter 2000

5 comments

  1. ei sandra, he fet una ressenya de les teves declaracions a El País…al meu blog jtatiangel.blogspot.com

    (de totes maneres, segur que els talibans stalo-nacionalistes diran que col·labores amb la premsa del sistema…ai!)

    salut, revolta i estiu per un tubo!

  2. Hola Sandra,
    com ja saps, a mi també m’ha agradat molt aquest article, i pot portar a un llarg debat. Penso que des de l’esquerra hem evolucionat cap a un alliberament sexual que era, i encara segueix sent, totalment necessari, i potser encara més en aquests moments en que l’església està fent unes declaracions contra l’avortament i contra la llibertat d’ocpcions sexuals totalment insostenibles.
    Tot i així, crec que aquest article toca un tema que molts cops hem oblidat des de l’esquerra en nom de la lliberació sexual, i és el de la cossificació de les persones que s’ha produït al servei del sistema econòmic capitalista.
    Alliberament sexual no significa, des del meu punt de vista, i des del de l’article, utilitzar les persones com a simples cossos amb els quals masturbar-nos mútuament.
    Crec que cada cop més, i fruit d’una crisi de valors de la nostra societat, s’està perdent tot el que el sexe té d’espiritual, d’apropament, de confiança, d’intimitat entre dues persones.
    L’única crítica que puc fer a l’article, és potser certa idealització de les relacions que no són cossificadores, per exemple quan diu “no hay sitio para la pasión sin medida”. Penso que les relacions sexuals realment sanes no tenen per què ser “passions sense mesura”, poden ser relacions calmades, tendres, fruit de l’amor, l’amistat o el voler compartir aquella intimitat que tens amb algú també a través del contacte físic, de l’apropament dels cossos i no sols de la ment.

    1. Fa dies que hi penso i aquest article em mareja…

      Em quedo amb algunes coses… “hablamos de mecanismos sin cuestionarnos la calidad…” Una cosa que m’ha impressionat des de que em vaig incorporar al cercle de l’esquerra radical a Barcelona ha estat la relativament forta presència del discurs de l'”amor lliure” i la denúncia de les relacions convencionals (monogàmiques, etc.) com a perpetuadores del sistema socioeconòmic. Aquest discurs sempre m’ha irritat bastant i mai no he estat capaç d’entendre perquè. Crec que era precissament perquè dóna per fet que un canvi en els mecanismes (relacions obertes, poligàmia, etc.) resulta automàticament en relacions de major qualitat i això, com bé diu l’article, no és cert. M’alegro de llegir algú empenyent-nos més enllà de la mera forma i ens repti a parlar del contingut i la substància… És allà, crec jo, on rau la resposta.

      Respecte a la seva crítica a les lluites parcials, principalment l’LGTB, com a funcionals per al sistema (com explica l’Angel al seu blog), crec que hem de recordar en tot moment que de fet hi ha un ampli sector d’aquestes lluites que treballen cada dia per no caure en complir aquesta funció i per mantenir el seu dissens polititzat. És important distingir entre els uns i els altres…

      Interessant lo de desesperança… Qui de nosaltes no l’ha sentida en algun moment?

      Per acabar, perquè això no ha de ser un post, mentre que l’autor reflexiona sobre le paper del capitalisme en aquesta cossificació, jo em preguntava al llegir-lo sobre el paper que en aquest context té el fet que a l’estat espanyol varem viure una dictadura ultracatòlica durant dècades. La sexualitat, l’afectivitat han estat reprimides i criminalitzades durant tant de temps… que penso que quan va arribar el moment de la “llibertat” i la “democràcia” en general ens vam anar a l’altre extrem. Si folles molt. Si ho fas amb molts/es. Si ho fas sense vergonya… això vol dir que ja no ets subjecte de la moral catòlica que va oprimir els nostres pares, les nostres àvies… Però realment vol dir això? Les pre-adolescents vestides de Shakires super sexis o els embarassos de nenes de 13 anys mostren que som més lliures?

      “Usted conoce, naturalmente, la famosa teoría de que , en la sociedad comunista, satisfacer el deseo sexual y las inquietudes amorosas es una cosa tan sencilla y tan de poca importancia como beberse un vaso de agua. A causa de esta teoría del ‘vaso de agua’ nuestra juventud ha perdido los estribos. Esta teoría se ha convertido en un sino fatal para muchos jóvenes (…) Estimo que esta teoría no tiene nada de marxista y, además, es antisocial (…) No sería marxismo, sino racionalismo, tratar de reducir directamente a la base econòmica de la sociedad el cambio de estas relaciones por sí mismas, desligadas de su conexión general con toda la ideología (…) Como comunista, no siento la menor simpatía por la teoría del “vaso de agua”, aunque ostente la etiqueta del ‘amor libre”. (…) Ni es nueva ni es comunista (…) NO es que yo quiera con mi crítica propugnar el ascetismo (…) El comunismo debe traer consigo no el ascetismo sino la alegría de vivir y el optimismo, suscitado también por la plenitud de la vida amorosa. Sin embargo, a mi juicio, el exceso de vida sexual que hoy se observa a menudo, lejos de reportar alegría vital y optimismo, los disminuye. En tiempos de revolución, esto es malo, muy malo (…) El proletariado es una clase ascendente. No necesita de la embriaguez que le enerve o le excite. No necesita ni la embriaguez de la incontinencia sexual ni la embriaguez alcohólica. No piensa ni quiere olvidar la vileza, la putrefacción y la barbarie del capitalismo. Extrae los más fuertes estímulos para la lucha de la situación de su clase, del ideal comunista. Necesita claridad, claridad y una vez más claridad (…) El dominio de sí mismo y la autodisciplina no significan esclavitud; se necesitan igualmente en el amor”
      Lenin a Clara Zetkin, 1920

  3. Hola Sandra, em sap greu que segons qui sigui el misatger siguis més receptiva a determinats discursos (insisteixo aplicar aquest criteri com a principi acaba dificultant molt el diàleg) però m’alegro que encara que sigui a través de la mediació digital poguem estar d’acord amb el tema de la “desublimació represiva”.
    Felicitats per l’article!!

  4. Totalment d’acord, Giulia. Segueixo pensant-hi. Encara ho haig de mastegar més.

    Misteriós “eros y civilización”… és difícil respondre’t a cegues, però així a priori et diria que no és tant una qüestió de qui és el missatger com que aquest sigui capaç de transmetre el seu missatge o que el receptor sigui capaç d’entendre’l. No tanquem la ment i les orelles a persones concretes sino a formes que ens semblen (malgrat que segurament no ho són) estèrils o imcomprensibles. En tot cas, espero que el nostre encontre aquí obri portes per millor comprensió a altres indrets.

    Àngel, m’ha agradat molt la teva ressenya…

    Bon dia a tots!!

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