El mundo al revés

post-saura
Los sindicatos de los Mossos d’Esquadra han criticado la cobertura informativa que los medios de comunicación han realizado de la represión policial durante el desalojo del rectorado de la Universidad de Barcelona el pasado miércoles y durante las posteriores acciones de protesta aquel mismo día. En un comunicado, los sindicatos SPC, CAT, SME-CCOO, SAP-UGT y la Asociación Profesional de la Escala Superior de los Mossos d’Esquadra consideran “desproporcionado” que la noticia se haya centrado en la actuación policial, cuando el problema inicial fueron “aquellos que no respetan la convivencia”. Dicho comunicado denuncia que tal cobertura “contribuye a desinformar a nuestra sociedad” y califica la actuación policial del miércoles en Barcelona como “profesional, correcta y proporcionada”.

A su vez, el presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, Joan Puigcercós, a pesar de reconocer que hubo excesos en la actuación de los Mossos d’Esquadra durante el día del miércoles, se ha dedicado a hacer patria y a denunciar “el linchamiento” que, aprovechando los incidentes de esta semana, se está haciendo desde diversos puntos del Estado español del cuerpo catalán de policía. Por otro lado, PSC e ICV-EUia, mientras también reconocían que había “habido errores en algunas actuaciones”, han cerrado filas en torno a la gestión de Joan Saura al frente de Interior y han respaldado el comportamiento de los Mossos.

A todo esto, Joan Saura sigue callado. IU sigue callada. El reloj sigue avanzando, y aquí nadie pide responsabilidades, dimisiones o perdones.

Aunque hace un par de días me negaba a reconocerlo, cada vez estoy más convencida de que los Mossos d’Esquadra camparon a sus anchas por la ciudad de Barcelona durante varias horas la noche del miércoles.  Alguien les dio luz verde para que lo hicieran. La virulencia con la que atacaron a los manifestantes, la brutalidad con la que se incursionaron en las callejuelas de Ciutat Vella, la tozudez con la que, porra en mano, sin llevar su identificación y totalmente fuera de sí, se empeñaron en que no quedara ni un alma en las calles adyacentes a Via Laietana esa noche, hace pensar que  durante un tiempo la Conselleria de Interior no tuvo control sobre ellos. La irracionalidad de su avance, la desproporción de su carga olían a vendetta y a desorganización. Que hubo órdenes de carga, sí. Que los Mossos cruzaron la línea, también.

Tales conclusiones no me llevan a eximir a Saura de sus responsabilidades. De hecho, aun sospechando que el Conseller haya sido poco menos que un pelele en su propia Conselleria durante los dos últimos años y medio, estoy más convencida que nunca de que debería dar la cara y, especialmente, de que debería dimitir. Debería reconocer su responsabilidad ante una represión policial sin precedentes contra el movimiento estudiantil. También debería reconocer el gran error de fondo que cometió al decidir dirigir la Conselleria d’Interior.

Ayer me contaba un compañero que el jueves en el Parlament se podía respirar la tensión y el miedo de la izquierda institucional catalana. Era obvio que los hechos del miércoles les habían cogido por sorpresa y que sentían que en esos momentos no tenían control alguno sobre la policía autonómica. Bajo la imagen de cuerpo de nuevo cuño, los Mossos d’Esquadra han evolucionado en un fuerza policial caracterizada por reprimir con gran brutalidad y compuesta en gran parte por convencidos ultraderechistas. El arma perfecta en manos del capital en tiempos de crisis y revueltas. Mientras escuchaba a mi compañero no pude evitar pensar en 1936.

Sin ánimos de sobredramatizar, ante esta evidencia, muchos nos preguntamos, con más insistencia aún que cuando lo hicimos hace dos años y medio, qué narices hace Saura dirigiendo esa Conselleria. En su momento seguramente la vio como una oportunidad de demostrar que la “izquierda” también puede ser respetable gestora. No fue capaz de ver (o lo vio, pero no lo consideró relevante) que estaba firmando para reprimir a su propia base social, que se estaba poniendo al frente de un cuerpo hostil a él y a lo que él decía defender y que era sólo cuestión de tiempo hasta que este cargo le pasara factura. ¿Realmente pensó que podría “cambiar las cosas desde dentro”? ¿Con qué recursos? ¿Con qué apoyos? ¿A costa de qué y de quién?

Más allá del acoso y de los palos que recibimos el miércoles pasado, e independientemente de quién diera las órdenes (o dejara de darlas), desde un plano estrictamente político la más importante responsabilidad de fondo de Saura (y de su partido) ha sido la de querer gestionar un cuerpo y un sistema que son ingestionables; la de acceder a convertirse en perros guardianes de un estado capitalista y represor a costa de los que lo cuestionamos, que somos los mismos que les hemos votado durante años; la de olvidar de dónde venían y hacia dónde querían ir. Su avance y progresión en la sucesión de tripartitos los han llevado a renunciar a su propia denuncia, a su propia crítica, a su propio combate. Su silencio actual no hace más que reforzar tal deriva y es una parte más de un mundo al revés donde los sindicatos  (que cada vez se comportan menos como sindicatos y más como corporaciones) y la supuesta izquierda justifican la represión mientras que los medios de comunicación privados se dedican a difundirla y denunciarla.

Saura debería dimitir y debería hacerlo ya. Aparte de eso, ahora sólo espero que de este episodio surja algo positivo. Primero, que el movimiento estudiantil lo aproveche para volver a tomar inercia y seguir radicalizándose, lo cuál parecer ser que ya está pasando. También está recabando apoyos de otros sectores en lucha y esto podría desembocar en una radicalización global de los movimientos. Los segundo que espero que pase es que se generalice entre la izquierda social (incluyendo a las bases militantes de fuerzas como ICV, EUia e IU) un debate sobre el papel y el lugar de la izquierda: hace ya demasiado tiempo que Saura & cía son un mero apéndice subordinado al PSOE-PSC y una maquinaria electoral de políticos profesionales.

El anticapitalismo, la radicalidad, los proyectos emancipadores no conocen de matices. O son o no son. O están o no están. El verdadero drama de Saura y sus socios durante los últimos años es que ni han sido lo que tocaba ni han estado donde debían y la tragedia de su actual silencio es su negativa a reconocerlo. A pesar de lo que digan los dirigentes de sus partidos, este episodio si que va a afectar a la percepción social de ICV y de IU, ya que ha hecho que cada vez haya más gente que se siente incómoda dándoles su apoyo. Ante esta deriva y negligencia del “ecosocialismo” existe un riesgo plausible de que sea la derecha la que se apodere del descontento y el cansancio. Y es ante este riesgo, entre muchas otras razones, que los que sí somos y los que sí estamos hemos de seguir trabajando para construir alternativas desde abajo, desde fuera y a la izquierda. Alternativas cuyo objetivo sea una profunda transformación social de los pies a la cabeza: sin matices, sin silencios, sin excusas.

2 comments

  1. Ja que hi havia alguna errada mecanocràfica…et passo el comentari corregit.

    “quan vulguis t’explico la vida i miracles d’ICV, et passo el mapa del desastre d’aquest partit i quatre dades per a una anàlisi antropològica dels seus membres. Ja que serà avorrit, només et puc dir que de la seva implosió i decadència en sortiran moltes coses i casos: professionals que emigraran a l’empresa privada o als altres partits-empresa, gent que es quedarà a casa, activistes de bona fe recuperats per els moviments socials i, qui sap, algun nou company o companya al costat de l’esquerra ANTIcapitalista.
    De les “il·lusions perdudes” (Balzac) podrem passar a una nova “educació sentimental” (Flaubert) i a “l’elogi de la política profana” (Bensaïd) i a la recobrada motivació militant per canviar el món de base.”

    Ole!

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