Cambiemos el mundo, NO EL CLIMA
Octubre 26, 2009
Una visión feminista ante la crisis
Octubre 23, 2009
Por Zabaldi
A lo largo de esta semana Zabaldi está celebrando en Iruña, en el marco de su Semana de la Solidaridad, las jornadas tituladas “Crisis, los trapos sucios del capitalismo”. El miércoles día 21 contamos con la presencia y participación de Sandra Ezquerra, miembro del Centro de Estudios de Movimientos Sociales (Barcelona) y activista feminista, quién nos recordó durante su charla la necesidad de abordar la crisis sistémica actual desde una perspectiva de género. El acto contó con la asistencia de unas 60 personas y desembocó en un animado debate que duró más de una hora.
A pesar de que durante los primeros meses de la crisis, Sandra expuso, los medios de comunicación destacaron los efectos que ésta estaba teniendo sobre los hombres, una aproximación crítica a las estadísticas, así como de las dinámicas desatadas en el mercado laboral desde el año pasado, ayudan a entender que las mujeres, una vez más, seguimos sufriendo una precariedad y sobreexplotación específicas, seguimos siendo las encargadas de las tareas reproductivas y, además, seguimos siendo las eternas olvidadas de las políticas públicas de promoción de empleo.
Es precisamente la identificación de las mujeres como cuidadoras inherentes lo que acaba justificando nuestra presencia secundaria en el mercado laboral. Dicha presencia se ve caracterizada por una alta tasa de contratos temporales y parciales, discriminación salarial, una segregación tanto vertical como horizontal del mercado de trabajo y una larga lista de desventajas que las mujeres trabajadoras sufrimos respecto a los hombres.
Como propuestas de cambio, Sandra señaló que se han de dar dos dinámicas imprescindibles: por un lado, que la reproducción y el cuidado pasen a ser responsabilidad de todos y todas y sean asumidos como responsabilidad colectiva. Para que ello sea posible, es hoy más necesario que nunca cambiar un sistema basado en la lógica del beneficio económico y de la explotación, y crear uno nuevo organizado entorno a la solidaridad y el bienestar de las personas. Es decir, un cambio de sistema que haga que la socialización del cuidado no comporte la socialización de una actividad marginal del sistema sino de su principal razón de ser. Es por ello que es hoy más urgente que nunca seguir luchando y trabajando para la construcción de un proyecto social y político que sea no sólo anticapitalista sino también antipatriarcal.
Los trapos sucios del capitalismo/ Kapitalismoaren kontu zikinak
Octubre 18, 2009


La transsexualitat no és cap malaltia
Octubre 17, 2009

Sobre las ficciones del acceso libre a la píldora poscoital
Setembre 29, 2009
![]()
Ayer lunes día 28 de septiembre se empezó a dispensar sin receta la píldora poscoital (más conocida como del día después) en las farmacias del Estado español. Constituye esto, por lo menos sobre el papel, un avance respecto a una situación en la que se requería la autorización médica para que una mujer pudiera acceder al fármaco. Una aproximación a este cambio, no obstante, pone en duda los argumentos de aquéllos que, bien sea mediante celebraciones o bien mediante repudias, lo perciben como un enorme progreso en lo que se refiere a la prevención de embarazos no deseados o carta blanca para el libertinaje y la irresponsabilidad sexual.
En este sentido, considero importante detenernos a reflexionar sobre algunas de las circunstancias que rodean a la dispensación de la píldora en las farmacias, circunstancias que en realidad hacen que lo que ya se está “vendiendo” como un derecho formal (o una aberración, dependiendo de quién protagonice el titular) desafortunadamente no se vaya a traducir en un derecho real.
Para empezar, la píldora vale 20 Euros. No hace falta ser muy lista para darse cuenta de que muchas mujeres que necesiten acceder a ella (y es importante recordar que la eficacia de la píldora disminuye cuanto más se retrasa la toma) pueden tener dificultades para pagar dicho precio. Particularmente mujeres jóvenes y de bajo nivel adquisitivo se pueden encontrar con que no pueden reunir con rapidez (o no pueden reunir, punto) el dinero que cuesta la píldora. Se podría argüir que en el caso de Catalunya, por ejemplo, estas mujeres siempre pueden acudir a un centro de salud para que se les dispense la píldora de manera gratuita. Pero la gratuidad no está garantizada en todas las comunidades autónomas. De esta manera, se inicia la venta sin receta en las farmacias no como un avance del que a partir de ahora todas las mujeres puedan beneficiarse, sino como una opción a la que sólo podrán recurrir aquéllas que puedan permitírsela. El acceso de la píldora sin supervisión médica no inicia sus andaduras como derecho universal sino como opción (sólo) para quién pueda pagarla. No queda claro si dicha discriminación responde al rechazo por parte de la administración de destinar recursos a un fármaco con una demanda social importante o si es fruto del miedo a ser tachada de estar promoviendo el sexo sin protección (o el sexo, punto). Quizás hay un poco de todo. Lo que está claro es que ni el acceso universal a la Sanidad ni el libre derecho de las mujeres a decidir sobre nuestro propio cuerpo constituyen factores explicativos (ni consecuencias) de la reciente reforma. Otro gallo cantaría si de verdad lo fueran.
No todo se reduce al coste de la píldora. Aún suponiendo por un momento que todas las mujeres podrán permitirse pagarlo, en Catalunya, a raiz del protocolo que firmaron el pasado verano la Generalitat y el Colegio de Farmacéuticos, éstos, tras alegar objeción de conciencia, no están obligados a venderla. No dice nada el protocolo, no obstante, sobre la distancia física máxima que puede haber entre objetor y objetor. Dicho silencio legal derivará en situaciones en las que, ante la baja densidad de farmacias (por ejemplo, en el medio rural), la negativa de una farmacéutica a dispensar la píldora, pongamos un sábado por la noche, puede desembocar en grandes dificultades de acceso al fármaco, ya que la farmacia más cercana podría estar a decenas de kilómetros. En el medio urbano ello puede desembocar en un peregrinaje absurdo e incómodo para encontrar una farmacia de guardia dispuesta a dispensar la píldora. Mientras que el protocolo protege el derecho de los farmacéuticos catalanes a dormir con la conciencia tranquila, constituye también una grave amenaza al acceso real y garantizado, de nuevo, de todas las mujeres a la píldora. En este sentido, la Generalitat ha optado por proteger a los farmacéuticos de los conflictos morales resultantes de la dispensación de la píldora y del supuesto exceso de algunas mujeres a la hora utilizarla. No obstante, yo me pregunto, ¿cómo piensa proteger la Generalitat a las mujeres de los posibles excesos de una objeción de conciencia sin regular?
Y no sólo en Catalunya se dan problemas. Como se puede leer hoy en un artículo de Público, la dispensación de la píldora sin receta en las farmacias del Estado arranca entre la confusión y el agujero legal que la existencia de leyes contradictorias crea. Por un lado, si bien el Gobierno tampoco se pronuncia sobre la regulación de la objeción de conciencia en este contexto, según el Consejo General de Farmacéuticos, los farmacéuticos pueden, a título particular, esgrimir el artículo 16 de la Constitución, que garantiza la libertad ideológica. ¿Cómo se piensa resolver este conflicto? Además, a pesar de que la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento obliga a los farmacéuticos a dispensar los fármacos que les demanden los usuarios y el Sistema Nacional de Salud, la Ley de Existencias mínimas (de 1965) no incluye la píldora poscoital en la lista de fármacos indispensables. Un supuesto avance se convierte, de esta manera, en una ficción legal hasta que a alguien se le ocurra actualizar una norma franquista que, evidentemente, excluía la píldora poscoital. Ya llevamos tiempo diciéndoselo al gobierno del PSOE: las cortinas de humo no funcionan y de nada sirven reformas maquilladas de progresía si se dejan intactas leyes reaccionarias que permiten abrir puertas traseras.
La garantía de nuevos derechos, de esta manera, se convierte en ficción ante la incoherencia y contradicción entre distintas normativas. Además, la incapacidad por parte de la administración de reconocer que la desigualdad entre las condiciones materiales (nivel adquisitivo, ubicación geográfica, etc.) de las mujeres deriva en desigualdad en el acceso a derechos supuestamente universales corrobora, una vez más, que los derechos formales no se traducen de manera automática en derechos ni reales ni sociales. Lejos de inaugurar el acceso libre y universal a la píldora postcoital, ayer lunes se abrió una nueva versión de un conflicto ya viejo, en el que las mujeres vamos a seguir reivindicando el control sobre nuestro propio cuerpo y lxs profesionales anti-elección, en vergonzosa complicidad con las distintas administraciones, contarán con la discrecionalidad e inmunidad que la legalidad y la alegalidad les confieren, para impedírnoslo.
De 20 años y español
Agost 26, 2009

Informa el diario Público hoy en su sección de Actualidad que los Mossos d’Esquadra detuvieron la pasada madrugada en Barcelona a un hombre de 20 años y de nacionalidad española por haber matado presuntamente a su compañera sentimental, también española y que estaba embarazada de casi nueve meses. Aunque los médicos no pudieron evitar la muerte de la mujer, si que lograron practicarle una cesárea postmortem de la que nació una niña que en estos momentos se encuentra ingresada en Vall d’Hebron en estado grave [1].
La mujer asesinada se suma a las 35 mujeres que han perdido la vida este año en manos de sus compañeros sentimentales o ex parejas en el Estado español. Su muerte nos recuerda, una vez más, el enorme trecho que nos queda por recorrer para erradicar una violencia contra las mujeres que, lejos de ser fruto de hechos aislados, se repite de forma trágicamente sistemática y es reflejo de cómo las relaciones patriarcales, las relaciones de poder entre hombres y mujeres, se reproducen en nuestras vidas cotidianas, en las existencias de los miles de mujeres que denuncian (y de las que no lo hacen) casos de violencia machista cada año. Sin perder de vista la tragedia y la tristeza que me ha provocado la muerte de la joven, hay dos datos que aporta el breve artículo que me han llamado la atención.
El primero es que el/la periodista explicita la nacionalidad española tanto de la víctima como del agresor. Encuentro esto interesante por dos razones. Por un lado, siempre he pensado que era curioso (y digo curioso en el sentido negativo) que durante los últimos años cada vez que los medios de comunicación han anunciado un crimen y el presunto criminal no era de nacionalidad española se han sentido en la obligación de explicitar su origen marroquí, ecuatoriano, etc. No era ése el caso cuando el supuesto criminal era autóctono. Dicho ejercicio informativo (?) ha contribuido, a mi parecer, a crear y perpetuar una imagen del “inmigrante” como criminal y a convertirle, de este manera, en chivo expiatorio ante los supuestamente crecientes problemas de seguridad pública en el Estado español. Si se considera relevante explicitar la nacionalidad de un supuesto malhechor (cosa que no acabo de tener del todo clara), entonces debería hacerse sea éste inmigrante o “de aquí”. Y de esta manera dejar claro que lxs españolxs han infringido la ley tanto antes de que llegaran los inmigrantes como después. ¿O es que lxs españolxs dejamos mágicamente de delinquir tras el desembarco de inmigrantes?
Como decía, no sólo el agresor de este crimen en concreto es español sino que también lo era, según el periodista de Público, la víctima. Obviamente, encuentro igual de valiosas las vidas de las mujeres autóctonas como las de las inmigrantes así como igual de trágicas sus muertes. No obstante, también encuentro interesante (y esta vez lo digo en sentido positivo) que se explicite que también las mujeres autóctonas somos víctimas de violencia machista. Y me explico. Está bien generalizado el discurso sobre el hombre inmigrante como “el otro” que, de manera más o menos inherente, es más irracional, violento, atrasado y machista que el autóctono. De manera paralela, se ha construido en Occidente una imagen de la mujer inmigrante, particularmente la musulmana, como víctima pasiva y mayoritaria de la violencia machista. No es ningún secreto que la opresión supuestamente extrema de la mujer musulmana, por ejemplo, ha sido utilizada por la clase política occidental (entre ella el gobierno norteamericano) para justificar su guerra del terror contra el mundo árabe. Como si el principal objetivo de las agresiones neoimperialistas de George W. Bush fuera la emancipación de la mujer afgana. Dichas construcciones simbólicas también han servido, a mi parecer, para establecer una diferencia cualitativa entre el inmigrante (agresivo)/la inmigrante (pasiva, indefensa) y el autóctono (no machista, racional)/la autóctona (emancipada), que reproduce discursos y prácticas xenófobas y un cierto sentimiento de autoindulgencia que cree el machismo, el de aquí, como algo ya superado. Pues bien, como bien aclara la autora del artículo, las mujeres españolas siguen siendo gran mayoría de las víctimas mortales de violencia machista, lo cuál ha de servir de recordatorio de que, lejos de haber dejado atrás las relaciones patriarcales y abusivas (lo que marcaría una diferencia entre “nosotrxs” y “lxs otrxs”), la sociedad española/occidental tiene aún, como decía al principio, un gran trecho que recorrer para conseguir acabar con ellas de una vez por todas.
Otro dato que me ha llamado la atención del artículo ha sido la edad tanto de la mujer como la de su agresor. Ella tenía 22 años y él tiene 20. Mientras conversaba hoy con una profesional trabajando en prevención de violencia machista en Catalunya ella me contaba que durante el año pasado, casi el 90% de las agresiones machistas en el Estado español fueron efectuadas por individuos menores de 36 años. Los datos, tanto los de la tragedia que hoy nos ocupa como las estadísticas del 2008, nos obligan a repensar el mito de que la violencia machista es un vestigio del pasado y que los casos actuales no son más que los últimos coletazos de una ideología, una forma de vida, unas relaciones de género en proceso extinción. Nos recuerdan que los hombres jóvenes también están agrediendo. También están abusando. También están matando. Nos recuerdan que las mujeres jóvenes también estamos recibiendo. También estamos sufriendo. También estamos muriendo. Las agresiones machistas no se están extinguiendo con la desaparición de las viejas generaciones sino que se reproducen con la aparición de las nuevas, de ésas que no vivieron la dictadura, ni la omnipresencia explícita de la Iglesia Católica, ni la exaltación del macho ibérico como estandarte de orgullo patriótico. Ello no puede ser más que un triste recordatorio de que la prevención, la sensibilización, la educación no machista siguen siendo grandes asignaturas pendientes; de que la necesidad de una visión feminista del mundo es hoy más vigente que nunca; de que algo seguimos haciendo mal. Realmente, tristemente, trágicamente mal.
[1] La bebé murió poco después de que se escribiera este artículo.
Cuidar el cuidado
Agost 20, 2009

Escribía hace un par de semanas Vicenç Navarro en el diario Público un artículo sobre el impacto del clasismo y el machismo en el gasto público social del Estado español en la actualidad. Según los datos que presenta el profesor, a pesar de que el PIB per cápita español es el 93% de la UE-15, el gasto invertido en el Estado del bienestar se reduce al 71%.
Esta diferencia se debe, Navarro argumenta, por un lado a un sistema fiscal regresivo, que hace que los sectores de población con mayor renta aporten al erario público cantidades más pequeñas que sus homólogos de clase europeos y declaren menos ingresos que los miembros de la clase trabajadora española.
Por otro lado, Navarro explica que el “poder de género” determina que los servicios menos desarrollados sean los de ayuda a las familias, ya que a pesar de que la retórica política oficial sitúa a la familia española en el centro, es precisamente la existencia de la familia como institución garante de apoyo informal (y como bien dice el autor, “en España, cuando decimos familias, queremos decir mujer”) la que compensa la falta de inversión pública social en el cuidado de las personas. Dicha dimensión de género tiene consecuencias múltiples, las cuales incluyen la sobrecarga humana y económica de la mujer española, las tasas de fecundidad más bajas del mundo durante los últimos años y la subparticipación de la mujer en el mercado laboral.
Es esta última consecuencia la que viene preocupando al autor últimamente. Existe, según él, una infrautilización de mano de obra, originada, tanto directa como indirectamente, en la insuficiencia de gasto público social y que tiene un impacto negativo en la productividad de la economía española. Por un lado, las mujeres en el Estado español encuentran graves dificultades a la hora de compatibilizar la maternidad (o el cuidado de otros familiares en situación de autonomía restringida) con su participación en el mercado laboral. Mientras que ello a menudo se ha traducido, como decíamos, en declives históricos en el índice español de fecundidad, también se ve reflejado en una menor participación laboral femenina en comparación con la media europea. Por otro lado, según Navarro, un mayor gasto púbico social desembocaría en la creación de puestos de trabajo “del cuidado” que podrían ser ocupados por millones de mujeres actualmente sin trabajo. Ello contribuiría, mediante el pago de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social de estas trabajadoras, a mejorar el nivel de riqueza del país y su bienestar social, así como a una mejora de la productividad de la economía del país.
Es en este punto donde el argumento de clase y de género de Navarro se torna, a mi parecer, débil si no inexistente. A pesar de que parece un avance incorporar la perspectiva de clase y de género en los análisis de la actual situación socioeconómica, si se hace de forma acrítica se cae en el peligro de reproducir el modelo androcéntrico que se pretende evitar y dejar inmune la lógica del beneficio del sistema capitalista, motor infalible de la reproducción de la sociedad de clases.
Por un lado, encuentro importante, y urgente, situar en el centro del debate político actual la prioridad que el cuidado de las personas debería tener en nuestra sociedad. Y ello debería hacerse no como parte de un esfuerzo por remendar las profundas contradicciones sociales que el sistema capitalista crea, sino como una manera de echar luz sobre ellas. Independientemente de lo que diga el dirigente de turno, el bienestar de las personas nunca podrá ocupar un lugar central en la sociedad actual, ya que el sistema económico que hace décadas que eligieron gestionar, lo relega a los márgenes de sus ecuaciones incuestionables. A pesar de que el bienestar de las personas se presenta, en las democracias liberales, como el objetivo final a conseguir, el cuidado se parece cada vez más a un premio de (poca) consolación para las clases trabajadoras y/o un servicio mercantilizable. A pesar de la retórica compasiva del liberal-socialismo, el cuidado nunca ha sido, ni nunca será, un principio ineludible regente de decisiones político-económicas. Dicho esto, sería interesante, y deseable, que Navarro optara por analizar, desde la postura supuestamente progresista que le caracteriza, el concepto del cuidado y de bienestar social sin sentir la necesidad de ligarlo a la lógica de productividad y eficiencia que, sin lugar a dudas, caracteriza al “policy-making” internacional actual ni de demostrar un posible rédito económico o político para convencer (¿a quién?) de que vale la pena “cuidar el cuidado”: ¿Qué papel tiene el cuidado de las personas en la sociedad que queremos construir? ¿Cómo será percibido y gestionado en una sociedad sin clases y sin opresión de género? ¿Tiene únicamente sentido hablar de cuidado si se puede demostrar que éste, de manera directa o indirecta, puede ser económicamente rentable? ¿A partir de qué momento empezamos, desde la izquierda, a dejar atrás la lógica del beneficio para substituirla por la de la solidaridad y el bienestar?
Por otro lado, Navarro repite el desliz, presente en otros artículos suyos, de dar por hecho que los puestos de trabajo creados por una mayor inversión pública social resultarían en un aumento de la participación laboral femenina, lo cual no puede querer decir otra cosa que, según él, deberían ser mujeres las que ocuparan las futuras vacantes. Y llegadas a este punto, no puedo evitar preguntarme cómo puede ser que un autor denunciando el machismo existente en la sociedad española acabe cayendo en un estereotipo y cliché tan facilón como la identificación automática (sin paréntesis, sin matices, sin aclaraciones) de la mujer (en este caso la española e, indirectamente, la europea) con el trabajo remunerado del cuidado.
Dichos deslices deberían ser (exclusivamente) parte del pasado o de la derecha. Debería ser parte del pasado o de la derecha analizar el papel de la inversión pública social en el mercado laboral sin cuestionar la pervivencia de la división sexual del trabajo, que dicta que las mujeres cuidamos y los hombres producen y que se da no únicamente en el hogar privado sino en todos los ámbitos sociales. Una verdadera socialización del trabajo de cuidado o, tal y como decía Lenin, la transmisión de “las funciones económicas y educativas de la vida doméstica individual a la sociedad” ha de pasar por la asunción de estas tareas por todos y por todas (incluyendo al Estado). Pero sobre todo ha de pasar por realmente “cuidar el cuidado”, por el convencimiento de que la reproducción, lejos de ser una actividad más o menos residual efectuada por mujeres que contribuye a la pervivencia del actual sistema productivo o que mediante su gestión eficiente puede incluso resultar rentable, ha de devenir una tarea política y social fundamental que no sólo garantice el bienestar y la cohesión social, sino que también refleje y conduzca a una lógica, a una producción, a unas ecuaciones distintas: La centralidad del cuidado como reflejo y puerta a otros mundos; a otras posibilidades.
Les dones estem d’Actualitat
Juliol 30, 2009

No és cap secret que el gènere no ha estat mai, ni ho està avui en dia, al centre d’allò que normalment entenem com a política (la de veritat). I és que, malgrat que durant els cinc anys de Zapatero s’ha “fet política de gènere” amb “mesures” com la Llei de Dependència, els matrimonis homosexuals, la llei d’igualtat, la de violència de gènere i fins i tot la creació d’un gabinet paritari, una no es pot treure de sobre la sensació de que el gènere és una mena de pegot o premi de consolació que serveix per rentar cares, per apaivagar descontents pseudoprogressistes o per estar a l’alçada dels temps. Ser no-feminista (que no és el mateix que no ser feminista) ja no és una opció, i sovint el gènere es converteix en moneda de canvi per concedir petites modificacions per a que en realitat no es modifiqui res.
No es només un problema dels polítics, sinó també dels mitjans de comunicació i de la societat en general. I si no, mireu els diaris dels últims mesos. Público, per exemple. L’Estat espanyol porta quasi un any immers en una reforma de llei que alteraria la penalització de l’avortament per primera vegada en 25 anys; una reforma de llei que ha mobilitzat als sectors més recalcitrants i conservadors de la societat i l’església, que ha creat debats i disputes entre la classe mèdica, política i en el si del mateix moviment feminista. Una reforma que, malgrat les seves grans mancances, posa en dubte per primera vegada que una dona hagi d’anar a la presó pel fet de decidir que no vol ser mare en aquell precís moment. Tenint tot això en compte, no he pogut més que sorprendre’m durant tot aquest temps cada cop que he obert el diari i he trobat les notícies, reportatges i entrevistes sobre aquesta reforma a la secció d’Actualitat. Mai durant aquests mesos ha estat cap noticia sobre avortament a l’apartat de Política de Público. En canvi, hi hem hagut de suportar dolorosament els detalls més escabrosos sobre els tratges del senyor Camps o les declaracions escandaloses del senyor Berlusconi. I el desterrament a Actualitat no s’ha limitat a l’avortament: tots el articles sobre dependència, sobre violència de gènere, sobre violència homòfoba, sobre masclisme al mercat laboral, etc. han estat igualment reclosos a aquest apartat del diari que a priori em fa pensar més en la Duquessa d’Alba que en informació políticament rellevant.
Què fa que les dones encaixem més en l’Actualitat que en la Política? No és Actualitat en tot cas un sinònim de Societat o de Coses de la Vida? És que els esdeveniments o les polítiques que ens afecten a les dones són reduïbles a meres anècdotes o curiositats? Què fa que siguin menys polítiques que altres titulars?
El feminisme, tant la pràctica com la teoria, la política feminista en definitiva, és al centre de la meva vida. A més de seguir creixent com a feminista, un dels meus principals reptes és seguir treballant per a que l’anticapitalisme sigui cada cop més violeta i el feminisme sigui cada cop més roig. Sense cap tipus de dubte, han d’anar de la mà. No obstant, és sovint que tinc la sensació que la feina feminista és percebuda com a marginal i secundària. I no parlo només de l’extrema esquerra sinó en general. La reclusió de qualsevol informació relacionada, encara que remotament, amb la vida de les dones a l’apartat d’Actualitat de Público no n’és sinó un (petit) símptoma més.
Dit això, però, de repent també penso en la recent incapacitat del Consell General del Poder Judicial, per primera vegada en els seus 29 anys d’història, d’informar de manera no preceptiva sobre un projecte de llei. Aquest fet sense precedents ha tingut lloc, com segurament ja sabeu, en el context de l’avantprojecte de llei de l’avortament. I no puc evitar pensar en la incongruència que suposa que les dones ocupem un lloc tan secundari en el diari (i en tants altres àmbits) i que a la vegada plategem dilemes tan insalvables en les altes institucions. Què som? Invisibles o perilloses? Per què tot el que ens envolta aparentment sembla tan secundari i a la vegada crea tant de conflicte? És el gènere innocu per la seva invisibilitat i marginalitat o és que potser se l’invisibilitza i margina perquè és perillós? Quina vinculació té el gènere amb l’status quo en el sentit més ampli com per a que homes aparentment “racionals” formats en la tradició liberal tinguin dilemes morals a l’hora d’apostar per defensar el dret de les dones a decidir sobre el nostre propi cos? És la moral? És la indiferència? És el privilegi? Ens ignoren per què no hi pensen o ens volen ignorar per evitar enrenous? S’adormen amb nosaltres o els traiem la son? Estem d’Actualitat per negligència or actually not?
Canvis a ICV o quan “el nom no fa la cosa”
Juliol 28, 2009
Amb el teu permís, company….
Per Àngel Pagès [1]
El president d’Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV) Joan Saura anuncia que no es tornarà a presentar a les eleccions autonòmiques. Saura, que també és el màxim responsable del Departament d’Interior del Govern, obre el procés de (re)canvi en aquesta formació que, si no fallen les prospeccions i el màrqueting característiques dels partits del sistema, recaurà en la figura del secretari general Joan Herrera.
Els que hem conegut la deriva d’aquest partit (i que hem estat testimonis de les incomptables mutacions del projecte des dels seus orígens), podem aportar algunes dades a un debat de fons que, per ser quasi inexistent, ha marcat l’evolució d’ICV. Dit això, valorant com a positiva l’aparent retirada d’un dirigent obertament confrontat amb els moviments socials i l’esquerra crítica, no caldrà que ens centrem en el debat de noms del qual es nodreix la parapolítica que conforma l’auca políco-mediàtica de casa nostra.
Tornant, doncs, al debat ideològic -és a dir, polític-, aquest relleu pot servir-nos d’element simbòlic explicatiu del funcionament de les lògiques inherents a la partitocràcia general. La mutació d’un projecte al sí de les dinàmiques de gestió-oposició sense perspectiva històrica de canvi del sistema implica l’adopció d’unes formes de relació amb la societat pròpies del món empresarial.
Abandonats a corre-cuita, “l’anàlisi concreta de la situació concreta”, el sentit militant o la caracterització del capitalisme com a paradigma d’allò que es vol combatre, apareixen en el seu lloc els estudis demoscòpics (els anàlisis de tendències, els sondejos, “la moda” elevada a la categoria política) i on hi havia militants actius s’obren pas els “adherits” passius (els “actius”, en tot cas, són ara els professionals de l’aparell i els càrrecs remunerats).
Més amunt apuntàvem l’existència d’una deriva política i d’un debat de fons irrellevant al sí d’ICV. Hem parlat també d’una simptomatologia d’aquesta deriva observant les metodologies d’anàlisi de la societat i el paper del nou tipus de miltant postmodern transformat en adherit o soci (el paral·lelisme amb l’adscripció a un club esportiu o a una penya és del tot creïble).
Queda, però un tercer aspecte ja anunciat: La caracterització del capitalisme com a paradigma d’allò que es vol combatre. Aquest és el debat de fons. El posicionament davant del capitalisme és la pedra de toc de l’esquerra. Quan l’esquerra (política, social, sindical i cultural) no planteja alternatives per sortir d’aquest sistema, per superar-lo i per impugnar-lo, es produeixen tots els senyals del que anomenem “deriva”. La deriva té orígens històrics en els múltiples desencontres i ruptures entre les vies revolucionàries i reformistes.
ICV, que presumeix de ser el “partit de la memòria històrica”, ha evolucionat amb tota lògica en sentit postpolitic. La caiguda del mur va provocar un acte reflex, un sentit de culpabilitat i diversos apriorismes coincidents amb els anys de “glòria” de la socialdemocràcia espanyola. Necessitats d’un nou projecte “transformador”, vista la crisi de l’extrema esquerra i la velocitat dels esdeveniments d’aquells dies, va néixer la primera Iniciativa que -com la primera IU- es proposava articular un moviment sociopolític a l’esquerra del PSOE.
No cal abundar en les múltiples escissions i reagrupaments posteriors que portaren el projecte a la doble escissió i a la proclamació d’ICV com a “esquerra verda” i ecosocialista. El “partit” ja havia trobat “el nom”, l’etiqueta i el senyal identificador en el mercat polític dels cinc partits del “Polònia”.
Aquesta és la gran mutació, la definitiva, la que fa dels ex-comunistes un partit perfectament homologat a les exigències de les lògiques gestionàries. El terme “ecosocialisme”, desprovist de la càrrega revolucionària que ens recorda al Manifest Ecosocialista de Michael Löwy, esdevenia un recanvi de les temptatives eurocomunistes i “democratico-radicals” impulsades en altres temps. És, doncs, el debat de fons. El debat ideològic. L’apoteosi de la parapolítica integrada en els esquemes del capitalisme global. Reformar i reformar. No plantejar l’arrel del problema de civilització que representa el capitalisme en tots els camps.
Tornant als “noms”. Joan Saura no es tornarà a presentar i Joan Herrera serà el seu relleu. Joan Herrera -el qui fou introductor de l’ecosocialisme” a l’ideari del partit- haurà de fer el balanç de la “cosa”. “La cosa” ha fet política i el futur candidat ens haurà d’explicar l’abast d’aquesta.
De moment deixem anar uns quants temes: Bracons, Quart Cinturó (o com li vulguin dir), co-pagament de la sanitat pública, LEC, Bolonya (aplicació i repressió), gestió de la sequera, conflictes ambientals i territorials oberts arreu del país, relacions Generalitat-Israel, transgènics, repressió i control generalitzats damunt dels moviments socials i alternatius, despeses absurdes de propaganda i representació i el llarg etcètera que ens ofereix el govern social-liberal que dirigeix el PSC. Quan toqui fer aquest balanç no s’hi valdrà fer trampes com ha passat amb la LEC o els transgènics, votant al marge del govern i continuant com aquell que no hi veu.
Aquesta és “la cosa”, el tema dels “noms”, deixem-lo per l’auca de cada dia. Deixem-ho per el complex político-mediàtic que manlleva diàriament el sentit i la substància del que realment és polític.
Què més dir? Doncs una acotació personal que comparteixo amb altres companys i companyes que avui militem a Revolta Global-Esquerra Anticapitalista: entre formar part d’una minoria crítica i anticapitalista d’un partit que va en una altra direcció o estar integrat en el si d’un col·lectiu militant, activista i combatiu que vol ser part -i no “tot”- d’un procés revolucionari que ve de lluny… francament i malgrat totes les dificultats del que pressuposa, alguns hem optat per aquesta darrera opció (i n’estem orgullosos!). Per tot això vam abandonar ICV. Per tots aquests arguments, avui hem recuperat una il·lusió militant i “l’elogi de la política profana” (Daniel Bensaïd).
[1] Ex-adherit a Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV) i militant de Revolta Global-Esquerra Anticapitalista Maresme.
