Escribí el siguiente artículo a petición de la Fundación Betiko para el anuario de movimientos sociales de este año. En su web podéis encontrar este texto y muchos otros sobre movimientos y luchas en el Estado español y a nivel internacional.

Introducción

Desde el mes de mayo de 2011 el movimiento 15-M ha involucrado en la práctica política a una enorme cantidad y variedad de personas que hasta hace sólo unos meses habían observado los efectos de la crisis desde la distancia y la desafección. Su verdadera importancia yace, a día de hoy, en su inesperada gestación de una nueva generación de pensadores y pensadoras críticas y activistas mediante la reflexión, el debate y, lo que es más importante, mediante la praxis. El 15-M ha sido artífice en decenas de ciudades del estado español de los baños de masas más diversos, más festivos, más anónimos y más esperanzadores vistos en mucho tiempo. Ha contribuido a generalizar el “sí, se puede” y el “juntas podemos” y, en definitiva, ha ayudado a ampliar el desafío al hasta ahora imperturbable discurso de la inevitabilidad del sistema capitalista, sus recetas neoliberales y sus crisis.

Más allá de su evolución, de sus éxitos y de sus fracasos, no obstante, se realiza aquí una reflexión sobre la experiencia específica de las mujeres en el movimiento y sobre la medida en que éste ha incorporado el discurso y la práctica feminista. En primer lugar, se ubica la emergencia del movimiento en su contexto estructural y socio-histórico y se muestra cómo éste ha estado marcado por el género. En segundo lugar, se examina la medida en que el movimiento 15-M ha contribuido a la evolución de la lucha feminista, tanto el terreno discursivo como el de las prácticas, dinámicas y roles establecidos en su seno desde sus inicios.

Las reflexiones aquí incluidas provienen de la participación de la autora en el 15-M barcelonés pero también de las conversaciones con múltiples activistas feministas provenientes de toda la geografía española, así como de la lectura de relatos y crónicas, tanto individuales como colectivas, sobre su paso por el movimiento desde el 15 de mayo del 2011. De la misma manera que el 15-M ha estado caracterizado por una gran diversidad y heterogeneidad, también lo han estado los feminismos que han aterrizado (o se han desarrollado) en él. A pesar de que las experiencias feministas en el 15-M presentan una gran desigualdad geográfica e incluso temporal, en el presente texto se intentan sintetizar algunas de las que se consideran más relevantes con el objetivo de reflexionar tanto sobre sus dimensiones positivas como sobre las que no lo son tanto, y contribuir así a un aprendizaje colectivo que nos permita seguir caminando hacia una indignación verdaderamente feminista.

Mirando el momento desde el feminismo: ¿de qué crisis estamos hablando?

El lema de la manifestación convocada el domingo 15 de mayo, “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” tuvo el gran mérito de aglutinar en una sola frase los principales detonantes del movimiento 15-M: una merma importante de los derechos sociales y económicos de amplios sectores de la ciudadanía como resultado de la crisis, por un lado, y una creciente desconfianza respecto a una clase política percibida como corrupta e incapaz de sacar al país de la crisis por el otro.

A pesar de que los feminismos en el estado español han realizado una ingente labor durante los últimos años para visibilizar las formas específicas en que la crisis económica y las recientes (contra)reformas afectan a las mujeres[1], este elemento no estuvo inicialmente presente en las denuncias y reivindicaciones del movimiento. El 15-M no ha sido en ningún caso aislado ya que  desde que estalló la crisis numerosos movimientos sociales han pasado de puntillas sobre las dimensiones de género del actual contexto económico. Medios de comunicación de diversa índole han sugerido a su vez, a raíz de la vertiginosa aceleración que en los inicios de la crisis sufrieron las tasas de paro masculino, que una de las particularidades de la crisis es que promete con abolir las desigualdades entre hombres y mujeres en el mercado laboral[2].

Las mujeres, sin embargo, continuamos a día de hoy sufriendo una enorme vulnerabilidad tanto dentro del mercado laboral como fuera de él. Un análisis de la crisis desde una perspectiva de género muestra que, si bien el año 2008 se vio caracterizado por el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis de la industria, ambos sectores profundamente masculinizados, meses más tarde la contracción de demanda de mano alcanzó también al sector servicios, donde actualmente se ocupa el 88,5% de las mujeres en el estado español. A día de hoy la tasa de paro femenino suma un 22,10% y el masculino un 21,04%. Si se desagregan los datos en términos de procedencia, se ve que los hombres autóctonos presentan la tasa más baja de todas con un 17,20% mientras que el desempleo femenino no comunitario es de un 27,15% y el masculino cercano al 34%. Si se toma en consideración que las mujeres de origen inmigrante se encuentran concentradas en la economía informal, es muy probable que la tasa de desocupación de éstas últimas resulte ser en realidad mucho mayor que la oficialmente registrada.

La aceleración del paro masculino ha provocado que haya más familias que dependan del salario de la mujer y que numerosas mujeres se hayan visto forzadas a incorporarse al mercado laboral. Mientras que la tasa de actividad femenina en el año 2007 era de 48,94%, a finales del 2011 se situaba en un 52,91%. Este incremento, no obstante, no se ha visto acompañado de una redistribución de las responsabilidades domésticas y de cuidado. Todo ello, sumado al aumento de la carga de trabajo doméstico sobre las mujeres como resultado de las estrategias familiares para reducir gastos, ha provocado un aumento de la carga global de trabajo de las mujeres y un reforzamiento de nuestra doble jornada.

Las desigualdades de género siguen siendo una realidad innegable también en el mercado laboral y se manifiestan en altas tasas de temporalidad y jornadas parciales entre las mujeres. También tenemos una mayor presencia que los hombres en la economía sumergida, somos el 57,3% de las personas receptoras de prestaciones no contributivas y únicamente el 37% de las contributivas. Nuestro salario medio es 22% inferior al de los hombres y, por otro lado, el 80% de las personas “inactivas” que no reciben ningún tipo de pensión son mujeres también.

La ausencia de una perspectiva de género ha sido también una constante en las respuestas del gobierno del PSOE a la crisis. La mayor parte de los 11.000 millones de euros inyectados durante el primer año de la crisis mediante el famoso Plan EEE se destinó al sector de la construcción que, en 2008, ocupaba al 16% de los hombres y únicamente al 1,9% de las mujeres. La financiación, además, no incluyó requisito alguno de presencia de mujeres en las contrataciones. Los recortes del gasto público social visibilizados en el famoso Tijeretazo en mayo de 2010, y actualizados constantemente por las políticas de austeridad impuestas desde entonces, están teniendo un gran impacto en las mujeres al estar nosotras concentradas en sectores públicos como la sanidad, la educación y los servicios sociales. Como consecuencia, somos nosotras las principales víctimas de la reducción de salarios y la eliminación de empleos públicos. La vulnerabilidad social y económica de las mujeres, a su vez, nos hace acusar con más fuerza la reducción de ayudas sociales y, ante la desaparición de éstas, somos nosotras las que mediante nuestro trabajo de cuidados no remunerado, las acabamos asumiendo. La Reforma Laboral ha reforzado la dualización de género del mercado de trabajo remunerado y previsiblemente la Reforma de las Pensiones, así como el reforzamiento de su lógica contributiva, afectará negativamente a las mujeres ya que, a raíz de nuestra concentración en la economía informal, jornadas parciales y bajos salarios, así como de la frecuente interrupción de nuestra vida laboral para cuidar de hijos y otras familiares, encontraremos más dificultades a la hora de sumar la cotización exigida para acceder a una pensión de jubilación que pueda considerarse digna. La creciente austeridad resultante de la crisis de la deuda ataca particularmente al estado de bienestar y los servicios públicos, y permite al estado transferir sus obligaciones de protección social de nuevo a las familias (léase mujeres).

Cuando el feminismo se indigna…

Todos los elementos expuestos apuntan a la persistencia, e incluso agudización, de la subordinación de las mujeres en el actual contexto. Esta subordinación, sin embargo, se ha visto silenciada en la mayoría de los relatos económicos sobre la crisis. El 15-M no ha sido una excepción y entre sus lemas no figuró inicialmente referencia alguna a las especificidades de género de la coyuntura económica. Durante las primeras semanas del movimiento conceptos como “feminismo”, “opresión” o “desigualdad de género” no consiguieron generar consenso en numerosas asambleas y se toparon con la resistencia resultante de un gran desconocimiento e incluso cierta aversión hacia el discurso feminista por parte de centenares de personas que lo identificaban con ideas y actitudes divisorias, excesivamente radicales y poco razonables.

En este escenario, ante lo que entendieron como un silenciamiento de las voces de las mujeres y a pesar de algunas acusaciones de separatismo, muchas de las activistas feministas presentes entonces en Plaça Catalunya (Barcelona) se buscaron para crear un espacio de discusión, debate y acción de mujeres, lesbianas y trans: la asamblea de Feministes Indignades. Ésta, lejos de atascarse en las tumultuosas discusiones que caracterizaron a otras comisiones, les permitió avanzar y visibilizar su trabajo y discurso en el resto del movimiento. Durante los primeros días de la acampada Feministes Indignades redactaron un manifiesto de exigencias que fue aclamado por unanimidad en una de las asambleas generales más multitudinarias que vivió el movimiento barcelonés. El manifiesto contenía exigencias feministas para una transformación radical de la sociedad y planteaba respuestas a la crisis desde una mirada inclusiva y consciente de la ubicación específica de las mujeres en el orden económico y social:

“La sociedad capitalista y patriarcal nos oprime […]. Queremos una sociedad en la que el centro sean las personas y no los mercados. Queremos una transformación del modelo (capitalista) de desarrollo económico y social actual hacia uno que esté al servicio de las personas y del planeta. En esta transformación es imprescindible incorporar un enfoque feminista de cara a afrontar las crisis: ecológica, alimentaria, energética, económica, social y del trabajo de cuidado y apostar por procesos sociales de sostenibilidad de un nuevo modelo de ciudad y gestión del territorio […] Exigimos el reparto de los trabajos y la riqueza. Trabajar menos para trabajar todo el mundo. Condiciones laborales y profesionales dignas. Reparto igualitario del trabajo productivo y reproductivo, igual remuneración y reconocimiento por los trabajos entre mujeres y hombres. Y que la riqueza esté al servicio de las clases populares […] Exigimos el reconocimiento de las tareas de cuidado de las personas, los hogares, la vida y su socialización completa”.[3]

El análisis y las propuestas no se realizaron exclusivamente en torno a la crisis sino que también se exigió la participación de las mujeres, lesbianas, transexuales y tránsgenero en la búsqueda de un sistema político participativo y verdaderamente democrático:

“El sistema democrático actual es patriarcal y no nos representa. Queremos organizar la sociedad en espacios de decisión y gestión política horizontales”.[4]

El establecimiento de Feministes Indignades como espacio autónomo cohesionado con una importante legitimidad y en interlocución directa con las asambleas generales ha contribuido a visibilizar y potenciar la perspectiva de género en los discursos y las movilizaciones del 15-M en Catalunya y a exigir el protagonismo de las mujeres en los debates y las acciones. Mientras que por un lado han hecho avanzar su propia agenda en forma de actividades, debates y acciones específicamente feministas, han estado presentes a su vez en los numerosos espacios de coordinación del movimiento haciendo oír su voz y contribuyendo con su experiencia en decisiones y movilizaciones unitarias. En todas estas citas la inconfundible huella del feminismo indignado se ha hecho patente mediante bloques y pancartas propias, acciones simbólicas contra la opresión heteropatriarcal o intervenciones denunciando los efectos perversos de la crisis económica y las políticas de austeridad sobre las mujeres.

… ¿se feminiza la indignación?

La consolidación de un espacio feminista y la visibilización de su trabajo, sin embargo, no han sido posibles en todas las ciudades y pueblos donde ha surgido el 15-M. En lugares como Bilbao, Elche o Burgos se ha llevado a cabo cierta actividad como la concienciación sobre la necesidad de un lenguaje no sexista o la organización de acciones feministas específicas, pero no ha habido una masa crítica importante de mujeres dispuestas a (o capaces de) exportar la mirada de género al conjunto del movimiento de manera sistemática ni de crear espacios de discusión y acción feministas. Un factor importante tras esta incapacidad ha sido, en ciudades como Vigo o Palma de Mallorca, el tratamiento del feminismo por parte de un número importante de sectores del movimiento como una cuestión de poca prioridad e incluso escasa relevancia. En Cádiz, por otro lado, cuando el grupo de trabajo de feminismos llevó a la asamblea general un manifiesto feminista inspirado en los de Madrid y Barcelona y resultado de un rico e interesante debate en su seno[5], tuvo que ver como el manifiesto era rechazado por una “falta de consenso” ante su supuesto carácter excluyente y divisorio. En otros lugares, la confusión, de la que todavía adolece el movimiento, entre consenso y unanimidad provocó que en asambleas de 300 o 400 personas un solo hombre pudiera bloquear la aprobación de propuestas feministas.[6]

Ni siquiera en lugares como Barcelona, Madrid o Santiago de Compostela, donde las comisiones y grupos de trabajo feministas han tenido un peso y proyección importantes, puede afirmarse que éstos hayan conseguido impulsar con éxito una feministización o la transversalización de la perspectiva feminista en el movimiento. Dicha transversalización, de haberse dado, se habría traducido en la incorporación comprehensiva y sistemática por parte del 15-M de las reivindicaciones feministas en su esfera discursiva y en su práctica.

El feminismo en el discurso

Cabe reconocer en este sentido que la presencia del discurso feminista en el 15-M no ha estado exenta de retos. Tal y como las compañeras de Madrid relatan en un dossier que elaboraron,[7] algunos de los límites para la circulación de los feminismos en Sol se manifestaron en la perplejidad y falta de comprensión de muchas de las personas allí presentes, en los insultos cargados de machismo y homofobia e incluso en el hecho de que las primeras asambleas generales no recogieran ni asumieran ninguna cuestión o propuesta feminista. Para muchos y muchas participantes en el movimiento, el feminismo seguía siendo equivalente al machismo, pero al revés.

La (desigual) presencia del discurso de género en el 15-M no ha sido fruto tanto de un aumento significativo de conciencia en su seno como de la constante presencia de activistas enarbolando la bandera del feminismo, lo cual se ha traducido en un ritmo de trabajo insostenible y en una doble militancia por parte de muchas mujeres. Cuando ellas lo introducen parece ser bien recibido, pero si no lo hacen (apenas) nadie más toma la iniciativa. En cierta manera, la presencia discursiva del feminismo en el 15-M sigue dependiendo de la “omnipresencia” física de las militantes feministas para darle voz mediante críticas, acciones, documentos, talleres, intervenciones y elaboraciones específicas. Sin embargo, tal y como expresaban las compañeras de Sol, “queremos que se nos entienda, queremos contagiar”.[8] Una incorporación sostenida y perdurable del feminismo que consiga provocar una generalización de la conciencia de género o una transformación del marco colectivo de un movimiento debe provenir de una intervención sostenible y extendida. Y en el movimiento 15-M, hasta el momento, no ha sido así.

El feminismo en la práctica

Si al movimiento aún le queda un largo camino por recorrer en el terreno discursivo, la esfera de la práctica ha sido también escenario de numerosas dificultades. No hay más que recordar los abucheos de “¡fuera, fuera!” o “la revolución es de todos” lanzados contra las feministas cuando durante los primeros días de la acampada decidieron colgar en Madrid una pancarta en la que se podía leer, “la revolución será feminista o no será”[9]. Un “machoman”, como ellas mismas lo denominaron, mostró su rechazo a la pancarta arrancándola ante miles de personas[10]. Ese episodio dejaba patente que no existía consenso en que el 15-M fuera un punto de convergencia de TODAS, incluida la feminista, las luchas.

Durante los primeros meses de las protestas se realizaron en numerosas ciudades importantes avances en el campo de las prácticas como, por ejemplo, una creciente concienciación del sesgo androcéntrico inherente en el lenguaje. Mientras que por un lado muchas asambleas incorporaban comunicación no verbal para denunciar el uso de vocabulario y expresiones heterosexistas o discriminatorias, por el otro se pudo apreciar un creciente esfuerzo por evitar el uso recurrente del masculino en el lenguaje. Independientemente de las palabras utilizadas, sin embargo, mientras que los equipos de dinamización estaban mayoritariamente compuestos por mujeres que se encargaban de gestionar las metodologías, logísticas y dinámicas colectivas del debate, la mayoría de las intervenciones y propuestas políticas continuaron siendo realizadas por hombres. Éstos también siguieron realizando un uso expansivo del turno de palabra, obteniendo de manera automática la autoridad moral, intelectual o de experiencia y, entre otras cuestiones, mostrando escaso respeto hacia el turno de palabra de mujeres u hombres-no-machos-alfa.[11]

Así, quizás se realizaron avances respecto a algunas de las formas en que se manifiesta el sexismo pero no respecto al fondo. Cabe destacar además que, por ejemplo en Barcelona, nunca se llevó a cabo un debate en profundidad en aras de alcanzar acuerdos sobre un lenguaje no sexista. Esta superficialidad de los cambios se ha traducido, tal y como han expresado algunos hombres del 15-M desde entonces, en un miedo constante por parte de muchas personas a la “censura” por no “hablar políticamente correcto” y también en un gradual regreso al uso generalizado del masculino de manera paralela a la fragmentación y dispersión del movimiento y sus asambleas. Desde el momento en que ha dejado de haber un mínimo de masa crítica dispuesta a señalar el uso de expresiones sexistas y/u homófobas, las prácticas se han relajado de nuevo.

La ausencia de un debate comprehensivo sobre las dimensiones de género del lenguaje ha sido parte de una ausencia mayor en las dinámicas internas del movimiento: el género no ha sido una categoría de análisis central a la hora de distribuir tareas, gestionar relaciones y definir los espacios. Dicho de otro modo, a pesar de que el género es un principio organizador básico de la sociedad humana, así como de sus roles, relaciones y desigualdades, y a pesar de que la cotidianidad de los episodios y agresiones sexistas nos exige tener estrategias para abordarlos,[12] el movimiento 15-M en su conjunto no ha problematizado políticamente el género como eje de división y opresión en su seno. Ello se ha traducido, por ejemplo, en la inexistencia de un protocolo de actuación en situaciones de agresiones sexistas en toda su gama y variedad o en momentos de abuso de poder por parte de los hombres. Un episodio sintomático de ello, entre seguramente muchos otros, fue la incapacidad de un mediador miembro de la comisión de convivencia en Barcelona para reaccionar cuando una mujer componente del equipo de dinamización de asambleas le expresó que había sido víctima de una agresión física por parte de un hombre. Ante la incomodidad que sin lugar a dudas le provocó la situación, el mediador se aferró a la falsa equidistancia que pretende dar igual voz a agresor y agredida y, arguyendo que no podía estar seguro de quién decía la verdad y quién mentía, se lavó las manos y permaneció en silencio. Negaba de esta manera el poder de definición a aquélla y otras mujeres, el cual establece de manera inequívoca, y nada relativista, que existe una agresión desde el mismo momento en que una persona se siente agredida.

Otro episodio relacionado con las dinámicas de género en el movimiento tuvo lugar a inicios de junio cuando la comisión madrileña de feminismos anunció que sus componentes no iban a pernoctar más en Sol como consecuencia de las agresiones sexuales, sexistas y homófobas que habían presenciado y/o sufrido, además de por la invisibilización de estas agresiones y la ausencia de una voluntad colectiva para solucionarlas.[13] Mientras que por un lado numerosos medios de comunicación utilizaron la declaración de la comisión para desprestigiar al 15-M en un momento en que las acampadas entraban en un proceso de reflujo, los esfuerzos de la comisión legal y otras voces del movimiento para negar la existencia de agresiones en términos legales, y minimizar de esta manera las dimensiones de la problemática, mostraban, una vez más, las grandes dificultades de un sector para abordar políticamente la existencia de dinámicas agresivas y abusos de poder por parte de algunos hombres[14]: una problematización del género en ese contexto hubiera mostrado que lo verdaderamente importante no era si las agresiones eran legamente punibles o no, sino más bien el hecho de que había compañeras que afirmaban no sentirse seguras en un espacio supuestamente emancipatorio como era Sol. La incapacidad de abordar políticamente la situación, además, resultó en que, en lugar de proporcionar respuestas colectivas ante la existencia de agresiones sexistas, muchas mujeres tuvieran que optar por soluciones individuales. A efectos prácticos, en lugar de rechazar o expulsar las agresiones o a los agresores de la acampada (en el caso que fueran miembros de ella), lo que se hizo fue excluir a las personas agredidas de facto o en potencia. Curiosamente, por otro lado, mientras que el movimiento no ha dudado a menudo en señalar que “lo legal no es necesariamente justo”[15] como sus numerosas acciones de desobediencia civil demuestran, en el caso que nos ocupa, la noción de la justicia de género se ha visto subordinada al discurso de la legalidad y a la conservación de la imagen pública del  movimiento.

El 15-M no ha desarrollado, de esta manera, herramientas para reconocer la reproducción de la lógica patriarcal en su seno, reflexionar sobre sus manifestaciones concretas y gestionarlas desde una perspectiva feminista. El resultado ha sido que, en episodios como los relatados, la respuesta habitual ha consistido en la invisibilización de la violencia y el silenciamiento de las voces de las mujeres. En ambos casos se ha desaprovechado la oportunidad de realizar un aprendizaje colectivo con el objetivo de reparar daños y evitar que estas situaciones se repitan en el futuro. Tanto la corrección política como la negación se han visto acompañadas de una profunda preocupación, comprensible aunque injustificable, de que la publicitación de estos episodios pudiera estigmatizar al movimiento y debilitarlo. En tanto que espacio de lucha compuesto por mujeres y hombres, el 15-M ha reproducido el error de sus predecesores al temer que el feminismo lo dividiera al denunciar sus contradicciones internas en lugar de apostar por fortalecerse abordándolas y resolviéndolas. O como mínimo dando un paso en esa dirección.

Hacia una indignación verdaderamente feminista

Si bien el movimiento 15-M constituye uno de los fenómenos más inesperados y relevantes de los últimos años en el escenario político español, es importante destacar que se ha caracterizado por ser capaz de aglutinar de manera masiva un descontento hasta el momento subterráneo y no tanto por ofrecer alternativas necesariamente coherentes, comprehensivas y transformadoras al sistema social, político y económico actual. El 15-M no es tanto un movimiento compacto con un análisis definido de las desigualdades existentes y con propuestas concretas para su desaparición como un espacio más bien etéreo y sin fronteras establecidas cuya principal función ha sido hasta el momento proporcionar maneras de expresar y compartir un creciente y generalizado malestar social. Ello no quiere decir que en su seno no se hayan dado tensiones, debate e incluso pugnas para concretar y radicalizar sus discursos  y sus prácticas, pero en todo caso el resultado de todo ello depende de un proceso en el que el movimiento todavía se halla inmerso.

Tras las elecciones generales del 20 de noviembre el panorama político no se prevé nada halagüeño y ya estamos viviendo una profundización de los ataques contra los derechos sociales y los derechos de las mujeres. Habrá que ver cómo responde el movimiento pero, sin duda, después del vertiginoso ritmo de movilización de sus primeros meses de vida, tendrá tiempo de sobras para reflexionar sobre sus prioridades, su organización y su dirección. Mientras que en el texto se ha destacado tanto la gran valía, por un lado, como las innegables limitaciones, por el otro, que el análisis y la práctica feminista han tenido en el seno del 15-M hasta el momento, nada nos permite describir categóricamente el rumbo que éstas tomarán a partir de ahora. Esperemos que como mínimo sea hacia adelante.

No resulta tarea fácil, tal y como la resistencia histórica de numerosos movimientos sociales ilustra, visibilizar, cuestionar y transformar las relaciones de género que definen nuestras sociedades en espacios reivindicativos y de denuncia mixtos. A pesar de algunas agradables excepciones como el grupo de Indignados contra el Machismo de Sol, el feminismo y las feministas continúan encontrándose con enormes resistencias en la actualidad. Lejos de desanimarnos, no obstante, la constatación de las dificultades puede servirnos como recordatorio de que cualquier paso, por pequeño que sea, en la eliminación de las desigualdades que sufrimos es un paso bien dado. Nos puede servir también para recordar que si los millares de personas que acudieron a las plazas a mediados de mayo para hacer política por primera vez en sus vidas han sido capaces en tan poco tiempo de vencer sus miedos y apatía para debatir de manera incansable entre multitudes, impedir que decenas de familias perdieran sus casas, desafiar a numerosas instancias políticas, religiosas y judiciales y, entre otros retos, denunciar la violencia policial, un trabajo constante, crítico y pedagógico por parte de los feminismos puede conseguir que la indignación de toda esta nueva generación de políticos y políticas profanas acabe siendo feminista también. Puede conseguir, en definitiva, que, en lugar de conformarse con poner en evidencia los abusos e injusticias provenientes de las esferas de la economía, la política y las instituciones, los hombres y mujeres que salieron, salen y saldrán a las calles y las plazas, se atrevan a enfrentarse a los que reproducen, sufren e invisibilizan ellos y ellas, nosotros y nosotras, también.


[1] Ezquerra, S. “29S: a les dones també ens sobren els motius”. Públic. 16/9/2010, pág. 5; Ezquerra, S. “Crisis e igualdad”. Público, 19/11/2010, pág. 9; Ezquerra, S. “Rostros ocultos de las pensiones”. Público. 7/2/2011, pág. 5; Gálvez, L. & Torres, J. (2010) Desiguales. Hombres y mujeres en la crisis financiera. Barcelona: Icaria; Harcourt, W. (2009) “El impacto de la crisis en las mujeres de Europa Occidental”. http://www.awid.org/eng/About-AWID/AWID-News/Briefs-The-Impact-of-the-crisis-on-Women; Larrañaga, M. (2009) “Mujeres, tiempos, crisis: Combinaciones variadas”. Revista de Economía Crítica, 8; Otxoa, I. (2009) “Anticapitalismo: algunas razones desde el feminismo”. Viento Sur. 104; Pérez Orozco, A. (2009) “Feminismo anticapitalista, esa Escandalosa Cosa y otros palabros”. Artículo del libro Jornadas Feministas: Granada aquí y ahora. Editado por “Coordinadora estatal de organizaciones feministas”, Madrid, 2010; Sales, L. (2009) Informe de Recerca. Dones en crisi. Barcelona: Institut Català de les Dones.

[2] Se pueden encontrar este tipo de afirmaciones, entre numerosas noticias, en los siguientes artículos de prensa: “Medidas especiales para los parados. El Gobierno llevará propuestas nuevas al diálogo social” (Diario Público, 25/10/2008); Hidalgo, S. & Valmorisco, C. “Los mileuristas son ahora los cabezas de familia” (Diario Público, 27/4/2009); Peirón, F. “Los empleos son para las mujeres” (Diario La Vanguardia, 12/9/2009); Escur, N. “¿Sabe la crisis de sexos?” (Diario La Vanguardia, 12/9/2009); Moreno, J. “El paro sube en 98.906 personas en octubre” (Diario  Público, 3/11/2009); Moreno, J. “El paro sube otro escalón: marzo deja 25.988 desempleados más” (Diario Público, 6/4/2010). El Español no ha sido una excepción y durante los últimos años los medios de comunicación de otros países han afirmado que la recesión económica afecta a las mujeres menos que a los hombres en el mercado laboral (Daily Mail, mayo 2009) y han proclamado no sólo la “Muerte del Macho” (Foreign Policy, septiembre 2009) sino también el “Fin de los Hombres” (The Atlantic, Agosto 2010).

[3] Blog de Feministes Indignades. http://feministesindignades.blogspot.com

[4] Blog de Feministes Indignades. http://feministesindignades.blogspot.com

[5] Wiki del Grupo de Trabajo Feminismos Cádiz 15M. http://comisionfeministacadiz15m.wikispaces.com/

[6] Web de FeminismoSol. http://feminismosol.net

[7] Web de FeminismoSol. http://feminismosol.net

[8] Web de FeminismoSol. http://feminismosol.net

[9] Web de FeminismoSol. http://feminismosol.net; Cervantes, Ll. “¿Y las indignadas? (Libertad de palabra, 22/11/2011)

[10] Web de FeminismoSol. http://feminismosol.net

[11] Web de FeminismoSol. http://feminismosol.net

[12] Fanzine “Torres más grandes hemos visto caer”, p. 17 http://es.scribd.com/doc/44147443/torresmasgrandeshemosvistocaer

[13] En su comunicado explicaron que entendían por agresiones “intimidaciones sexuales, tocamientos, miradas, gestos, desautorización y abusos de poder, insultos y agresiones físicas, contactos sexuales -y no sexuales- no consentidos, actitudes paternalistas”. Web de FeminismoSol. http://feminismosol.net

[14] Europa Press, “Los acampados de Sol aclaran que legalmente no hubo agresión sexual” (La Vanguardia, 3/6/2011)

[15] Éste fue uno de los principales argumentos esgrimidos por el movimiento en Barcelona al anunciar su intención de paralizar el debate presupuestario que se iniciaba el 15 de junio en el Parlament.

Traducció al català aquí Nos despertábamos hace unos días con la noticia de que 11 diputats catalanes habían sido citados por el juez Eloy Velasco para declarar en la Audiencia Nacional. Las citaciones se enmarcan en el juicio en el que se hallan encausadas 21 personas por la movilización que, ante el inicio del debate presupuestario en el Parlament, el movimiento 15M catalán convocó el pasado día 15 junio.

Además de a varios diputados de CIU, PSC y SI, como Artur Mas, Montserrat Tura o Alfons López Tena, Velasco también tiene intención de tomar declaración a Joan Boada y Salvador Milà, ambos miembros del grupo parlamentario de ICV-EUiA. Mientras que no tengo noticias de que Milà se haya pronunciado públicamente al respecto, numerosos periódicos han publicado que Boada se niega a declarar ante la Audiencia Nacional. Boada declara en una entrada en su blog del día 25 de octubre que la Audiencia Nacional, a la cual considera un “organismo judicial obsoleto”, no debería juzgar lo que pasó el 15 de junio. A continuación afirma que ningún diputado ni diputada de ICV-EUiA ha denunciado en ningún momento que se les dificultara ir a trabajar ese día. Finalmente, informa a sus lectores y lectoras que lleva intención de escribir al juez Velasco para solicitarle que le dispense, junto a su compañero de grupo parlamentario, de ir a declarar. Reitera que “ellos” (supongo que se refiere a su partido) no quieren colaborar con la criminalización del movimiento que está llevando a cabo la derecha catalana y acaba recordando que el responsable político de lo que pasó aquel día fue el conseller d’interior, Felip Puig.

Como no sería la primera vez que integrantes de la socialdemocracia me llaman sectaria cuando les hago una crítica, he intentado leer las declaraciones de Boada de manera detallada y rigurosa. No es que de repente me haya vuelto boadista, pero sí pienso que una toma de posición contundente por parte de un grupo parlamentario contribuiría a dar fuerza a la campaña anti-represiva que el movimiento está llevando a cabo en solidaridad con las indignadas e indignados encausados.

A priori se deduce de la lectura del texto de Boada que éste está en contra del actual ataque jurídico-político contra el movimiento 15-M llevado a cabo por la derecha catalana y española. Incluso llega a abogar por la supresión de la Audiencia Nacional. Hasta aquí bien.

Sin embargo, en línea con la postura de su partido durante los últimos meses respecto a la movilización del 15 de junio, las palabras de Boada en realidad se encuentran llenas de ambigüedad. En primer lugar cabe aclarar que no afirma en ningún momento, como ya han anunciado a bombo y platillo numerosos medios de comunicación, que no vaya a declarar en la Audiencia Nacional. El título de su escrito se limita en realidad a informar de que “jo no vull anar a declarar a l’Audiència Nacional” y que si lo acaba haciendo será “por obligación”, lo cual, a mí, más que a rebeldía me suena a profecía autocumplida. Respecto a la legitimidad del juicio, así como de la AN, si bien Boada afirma estar en contra del ataque de la derecha catalana contra el conjunto del movimiento, así como de la misma existencia de la AN (a diferencia de su postura durante la persecución a Núria Pòrtulas, cuando Boada, entonces secretario general de Interior, sentenciaba que ésas “eran las reglas del juego”), en ningún caso se opone a que se procese a la “minoría” que efectuó aquél día, según su vívida enunciación, “insultos, amenazas, escupitajos, golpes y pintadas”. Muestra desacuerdo con que el juicio se lleve a cabo en la AN pero en ningún momento exige la absolución de las encausadas. Intenta distanciarse de la derecha garantizando que ningún diputado de ICV-EUiA denunció los hechos pero olvida demandar la anulación del juicio y la retirada de los cargos que pesan sobre los encausados, contribuyendo de esta manera a la intencionada estrategia convergente de distinguir entre buenos y malos; entre pacíficos y violentos; entre simpáticos y anti-sistema. Es más, en su apresurado intento de redención en tanto que “buen progresista” olvida mencionar que la mañana del 15 de junio el Parlament aprobó por unanimidad (es decir, con el acuerdo ICV-EUiA) un comunicado de condena de la movilización de las indignadas contra el debate presupuestario catalán más anti-social de la historia de la democracia representativa. De esta manera, que Joan Boada no haya efectuado una denuncia formal contra ningún activista del movimiento, no cambia el hecho de que una fuerza parlamentaria que se auto-denomina de izquierdas y transformadora se alineó ese día con el social-liberalismo y la derecha para distanciarse de la razón de ser del movimiento y su protesta.

En cierta manera entiendo a Joan Boada. De verdad que le entiendo. Debe ser verdaderamente difícil conciliar eso de optar por gestionar el sistema con ser dirigente de una fuerza auto-denominada ecosocialista coaligada con grupos que se consideran anticapitalistas. Reconozco que yo me haría un lío de narices. Es por ello que tengo una sugerencia para él y su formación que quizás les pueda ayudar a solucionar su endémico dilema:

Es muy simple, señor Boada, mucho más de lo que parece. Tome partido. Clarifique posiciones. Abandone la ambigüedad. Asuma responsabilidades.

Si tan en contra está de la existencia de la Audiencia Nacional y de la criminalización del movimiento 15-M por parte de Felip Puig y sus esbirros, no declare ante el juez. Al igual que las encausadas y las miles de indignadas que les damos todo nuestro apoyo, rechace la legitimidad de la AN y de grupos parasitarios como Manos Limpias negándose a declarar en este proceso pantomímico y aceptando todas las consecuencias de su desobediencia. Sea valiente y dé la cara: sin matices, sin concesiones. Anuncie que, caiga quien caiga, usted no piensa declarar en el juicio. Exijan usted y su partido la retirada de todos los cargos a todos los encausados, así como la anulación del juicio, y pidan perdón por haber contribuido al aquelarre político-mediático contra el movimiento aquel día. Al fin y al cabo, ahora que ya no están en el gobierno no tienen tanto que perder.

Y sobre todo, señor Boada, como más vale prevenir que curar, la próxima vez que miles de personas salgan a la calle para poner en jaque al sistema y denunciar unos recortes sociales sin precedentes en la historia catalana reciente; la próxima vez que el 15-M le pida que no sea partícipe del flagrante ataque contra los derechos de las clases populares y los más desfavorecidos; haga usted el favor de escuchar, señor Boada, obedezca a su supuestamente base social y, ese día, quédese en casa.


Traducción al castellano aquí

Sandra Ezquerra|Públic [1] Els veïns de Santa Caterina, a Barcelona, estem avesats a una gran presència policial al nostre barri. Els nostres carrers són freqüents escenaris d’identificacions i detencions de joves dominicans o magrebins, entre d’altres. Els indignats de l’assemblea del barri, que ens reunim cada setmana al Forat de la Vergonya, ens hem adreçat més d’un cop als i les agents de la Guàrdia Urbana i Mossos d’Esquadra per expressar el nostre malestar per l’excessiva presència de les forces policials a la zona i pel que considerem accions exclusivament dirigides a veïns d’origen immigrant. Fa unes setmanes un mosso d’esquadra va justificar els seus hàbits amb l’asserció que “en el nostre país la majoria de delictes són comesos per immigrants”. L’afirmació de l’agent arribava poc després que es fessin públiques les declaracions del conseller d’Interior en les quals assegurava que “la meitat dels presos de les instal·lacions penitenciàries a Catalunya no són de nacionalitat espanyola”.

No és cap secret que en l’imaginari col·lectiu sovint es relaciona immigració amb inseguretat ciutadana i delinqüència. Una investigació del CIS de l’any 2009 sobre actituds vers la immigració indicava que més d’un 30% de la ciutadania atribueix els dos fenòmens a la població estrangera. Nombrosos estudis, tanmateix, desmenteixen l’existència de cap correlació entre aquestes variables. Segons dades dels Ministeris d’Interior i de Treball, malgrat que entre el 2002 i el 2010 es va triplicar la població immigrada a l’Estat espanyol, la taxa de criminalitat no va deixar de disminuir. A més, en clar contrast amb les afirmacions del conseller Puig i l’agent dels Mossos d’Esquadra esmentat, la població reclusa estrangera a l’Estat espanyol també s’ha reduït en la darrera dècada i l’any 2010 constituïa només un 35,6% del total front el 64,4% de presos autòctons. Segons dades d’Unitat contra el Feixisme, la majoria de detencions de persones d’origen immigrant són fruit d’una situació administrativa irregular i no pas d’una activitat delictiva, i dades de l’Observatori del Sistema Penal i dels Drets Humans de la Universitat de Barcelona indiquen que a les persones d’origen immigrant se’ls aplica presó preventiva amb més freqüència que als autòctons. D’altra banda, el seu compliment de penes és més dur al no poder pagar la responsabilitat civil del delicte.

Si bé és profundament preocupant que, ignorant l’existència de dades que apunten el contrari,  la ciutadania tendeixi a identificar les persones immigrades amb delinqüència i inseguretat, la propagació i perpetuació d’aquesta visió per part de la classe política i les anomenades forces de seguretat resulta absolutament inadmissible. Aquests darrers no només falten a la veritat quan atribueixen les suposadament altes taxes de criminalitat a la presència d’estrangers a casa nostra sinó que a més reprodueixen l’estereotip racista de l’altre en tant que amenaça i perill. Les seves esbiaixades opinions, disfressades de dades objectives, no difereixen gaire de la voluntat de PxC de solucionar els problemes d’inseguretat mitjançant expulsions massives o la flamant xenofòbia de Garcia Albiol a l’afirmar que certs col·lectius d’estrangers vénen a Catalunya a delinquir.

El recurs del conseller Puig al ja esgotat estereotip de la immigració inherentment delictiva, tanmateix, encaixa perfectament en la lògica de les polítiques del Govern. El mite de l’alteritat amenaçadora s’erigeix com a cortina de fum i justificació de les greus retallades en gairebé totes les partides pressupostàries excepte la dels Mossos d’Esquadra o, entre d’altres mesures, l’enduriment de l’accés de la població estrangera a nombroses prestacions socials.

Fins i tot en el cas que el percentatge de delinqüència entre els col·lectius d’immigrants superés el de la seva presència a Catalunya, ¿no tindria això quelcom a veure amb la severitat amb què els colpeja la crisi, amb la discriminació sociolaboral que pateixen cada dia i amb la vulnerabilitat vital resultant d’una llei d’estrangeria cada dia més repressiva? Així, si la conflictivitat social a Catalunya realment està augmentant, la solució no rau en un increment de les forces policials en els nostres barris i les nostres ciutats sinó en una defensa i millora de la Renda d’Inserció Mínima, els serveis socials i altres mesures contra la pobresa, la marginació i l’exclusió social. Les desigualtats socials no s’han resolt mai amb policia i la immigració, massa sovint boc expiatori d’aquesta crisi, no n’és una excepció.

[1] Article aparegut al diari Públic el 21 d’octubre de 2011, pàg. 5

“De la indignació a l’acció”. Aquest és el lema sota el que la manifestació internacional del dissabte 15 d’octubre transcorrerà a Barcelona. Fidels al missatge, les assemblees de barris, ciutats i pobles de tot el territori català van realitzar ahir a la nit una acció sincronitzada per seguir amb la seva política de reivindicacions i fer una crida, al seu torn, a una participació massiva de la ciutadania a la manifestació internacional de demà contra una política d’austeritat que redueix els drets socials a una lògica mercantil.

D’aquesta manera, aquest matí de divendres, la ciutat de Barcelona i nombrosos municipis catalans s’han despertat amb centenars i milers de senyals de trànsit d’STOP o prohibit, entre d’altres, plenes d’adhesius en els que figures les paraules “retallades”, “desnonaments”, “redades”, “repressió”, “precarietat” i així fins arribar a 15 lemes diferents. En els adhesius també figura una invitació a anar a la manifestació de demà a plaça Catalunya a les 17hores, que transcorrerà per diversos carrers de l’Eixample fins arribar a Arc de Triomf. El 15M català, malgrat la forta onada repressiva a la qual està sotmès, torna a sortir als carrers amb força i, a jutjar pel lema de la gran manifestació del dissabte, això no ha fet més que començar.

Querella col·lectiva 27M

octubre 11, 2011

L’os que t’ennuega

octubre 4, 2011

Traducció al castellà aquí Ja està. Ja ha començat. Després de mesos llegint als diaris que s’estava preparant una macro-operació policial per trobar els responsables dels “fets del Parlament”, ja han començat les detencions. En els moments en què escric aquestes línies ja són 5 persones però fonts policials anuncien que hi haurà 17 més. No sabem quan; no sabem on; no sabem qui.

Ahir va quedar clara l’estratègia de promoure la por i la incertesa de la conselleria d’interior i de l’Audiencia Nacional. Les detencions arriben de manera escalonada i lenta, mostrant que qualsevol pot ser la següent, fent pensar que els mossos poden estar esperant-te quan arribis a casa de la feina o de passejar el teu gos. Ahir em preguntava un company a la Plaça Sant Jaume si jo o algú del meu entorn pensava que tenia possibilitats d’estar a la “llista del Puig”. Li vaig respondre que tinc la sensació que mig moviment pensa que en té. D’una banda els poders político-mediàtics han fet una feina excel·lent a l’hora d’emetre rumors i informacions confuses, d’alçar durant mesos la certesa del processament o la suposada infal·libilitat de les proves, d’estendre la seva imatge d’omnipotència. Ens hem imaginat totes durant aquest temps en Puig fregant-se les mans al seu despatx fantasiejant amb el cop d’efecte resultant de la seva revenja contra els anti-sistema.

Però el dubte de tants indignats i indignades no és producte només de la retorçada gestió del conseller d’interior. En realitat resulta del fet que totes estàvem allà. Totes vam decidir planificar i convocar aquella manifestació; totes vam estar d’acord en què els pressupostos que es començaven a debatre aquell dia eren absolutament inadmissibles i que no ens podíem amagar darrere la impotència front un govern que retalla els nostres drets, el nostre futur, les nostres vides sense despentinar-se; sense vergonya i sense pudor. La mobilització davant el Parlament dels dies 14 i 15 de juny va ser aprovada en una assemblea celebrada a plaça a Catalunya que va comptar amb la participació de milers de persones. I a més va ser aprovada amb total unanimitat i entusiasme. La logística i les línies de l’acció van ser planificades per la comissió 14-15, que es reunia cada dia al costat de plaça Catalunya i que traspassava les seves propostes a l’assemblea general per sotmetre-les a discussió i votació. Les accions del 14 i 15 van ser difoses per les comissions de comunicació, extensió i difusió. Varen ser difoses també pels milers de persones de les assemblees de barris i pobles que van omplir els murs, parets, botigues i carrers del país amb més de 20.000 cartells cridant-ne a la participació.  Les mobilitzacions van estar composades al seu torn per les desenes de comissions i assemblees de barri, pobles i viles que laesvan recolzar, que hi van proposar activitats, que van mobilitzar els seus membres, que van fer una crida a la implicació de la ciutadania. Sobretot, però, el 14 i 15 van sortir endavant perquè estàvem allà milers de persones disposades a lluitar pel que és nostre, pel que és comú, pel que és just.

Les detencions i processament de membres del 15-M constitueixen sense cap tipus de dubte un judici político-mediàtic d’un moviment que ha pres una força inimaginable en els darrers mesos. La detenció absolutament injustificada de companys per entregar-los una citació que sol ser enviada per correu, la derivació del cas a la Audiència Nacional, la selecció curosa dels detinguts i detingudes, la creixent prepotència d’un conseller actualment investigat pel TSJC pels seus mètodes antidemocràtics, el discurs de la “minoria violenta” i el “bonisme de la resta del 15M”, l’eufòria de la dreta i l’ambigüitat de la socialdemocràcia… tot indica que l’objectiu dels poders fàctics és manufacturar un cas exemplificant, desactivar un grapat d’activistes i, de pas, utilitzar la repressió per silenciar els milers de veus dissidents.

Recordem que Felip Puig va arribar al seu càrrec l’any passat prometent acabar amb els anti-sistema del país, particularment de la ciutat de Barcelona. Aquells anti-sistema professionals i agitadors dels que ell i els seus compares estan acostumats a parlar i pensar. No sé si el seu orgull li haurà impedit adonar-se’n però a aquestes alçades va quedant clar que el conseller està perdent el pols llençat per ell mateix: el cas dels centenars d’anti-sistema als cines Laietana va ser arxivat, la seva operació de neteja d’anti-sistemes de la plaça Catalunya el 27 de maig va fracassar, les anti-sistema hem aconseguit que el TSJC l’investigui per aquella operació, cada dia els anti-sistema aturem desnonaments i desallotjaments. I la llista de victòries continua.

El que no entén encara el conseller Puig és que siguem tantes i tantes les que volem acabar amb  aquest sistema. I totes vam estar al Parlament; totes vam voler aturar-lo.

Seguim aquí. Seguirem aquí. No ens detindran ni el discurs de la por, ni la repressió, ni l’aprofundiment dels atacs sobre la majoria de la població en benefici d’uns pocs. Seguirem aquí, conseller, seguirem aquí. Continuarem sent el teu malson, l’os que t’ennuega quan menys t’ho esperes, però, sobretot, continuarem imaginant i treballant per a un mon millor.

Dijous 22 Setembre 13.00h i Diumenge 25 18.00h // Jardinets de Gràcia i Pl. Catalunya | Concentració i manfestació contra els desnonaments

Traducció al castellà aquí

Sandra Ezquerra|Públic. La crisi celebra el seu tercer aniversari: tres anys d’increment dramàtic de l’atur, de desnonaments i precarització de les nostres vides; tres anys de respostes polítiques cada cop més orientades a satisfer els mal anomenats mercats i menys eficaces a combatre els impactes socials de la situació econòmica; tres anys també de mites que, amb l’objectiu d’injectar certa dosi de legitimitat a reformes i decrets que mai van passar per les urnes, han desviat l’atenció de les veritables causes de la recessió i han jugat a confondre el sentit comú amb la raó d’estat.

El primer mite va ser el de la negació de l’evidència. Inicialment el govern de Zapatero va desmentir la gravetat de la situació econòmica fins que les xifres oficials i l’augment de l’atur van fer-la innegable. D’aquesta manera, mesures com el famós Plan EEE o el Plan 2000E, qüestionables tant per la seva buidor estratègica com per la seva ineficàcia, van passar sense pena ni glòria amb un increment en les taxes d’atur d’un 5% i un descens similar del Producte Interior Brut durant el període de la seva implementació.

El segon gran mite ha estat el de la inevitabilitat. La centralitat que la crisi fiscal ha tingut en el debat polític durant el darrer any ha servit per situar la reducció de la despesa pública, així com l’enèsima precarització del mercat laboral, al capdavant de les mesures aplicades. La dimensió de les retallades socials i laborals, tanmateix, no ha anat acompanyada d’una discussió oberta sobre els orígens de la crisi fiscal ni ha respost a una demostració empírica de la relació causa-efecte entre les dimensions de l’estat del benestar i la preocupant situació dels comptes públics. En clar contrast, el voluble estat d’ànim dels misteriosos mercats ha esdevingut l’excusa constantment esgrimida per justificar els constants atacs contra les classes populars, i els governs del PSOE, el Tripartit i CIU s’han amagat de manera reiterada darrere la seva suposada impotència per dur la contrària a les agències de qualificació del deute, els bancs, el Fons Monetari Internacional o Brussel·les. El missatge és clar: som conscients que ho esteu passant malament però no podem fer-hi gaire al respecte. Així és el joc del capitalisme i la seva gestió: el mite de la inevitabilitat ens intenta fer creure que mesures com la famosa tisorada, la privatització d’edificis i empreses públiques, la reforma laboral, de les pensions i de la negociació col·lectiva, la privatització de les caixes, així com les retallades en sanitat, educació, serveis socials, cooperació, immigració, medi ambient i cultura, no són més que el producte de l’inexistent marge de maniobra que tant els governs de dretes com els que s’anomenen d’esquerres diuen tenir en un context com l’actual.

El tercer gran mite ha estat brillantment afegit no fa gaire al repertori pel Govern d’Artur Mas. Els catalans i catalanes començàvem l’agost assabentant-nos dels canvis en la forma d’entrega de la Renda Mínima d’Inserció, els quals han provocat un retard generalitzat en el cobrament i greus problemes a milers de persones que depenen d’un ajut de 400 euros mensuals de mitjana per sobreviure. Moltes altres segueixen, encara avui, sense haver rebut els diners. Més enllà de les imperdonables disrupcions causades en les vides de tots aquests individus i famílies, cal destacar aquí el mite amb què el Govern ha explicat la seva actuació: el frau i la picaresca de milers de receptors justifica les molèsties causades a la resta. Aquest discurs, que no és gaire diferent a l’utilitzat per defensar el copagament en sanitat, ha servit per endurir, al seu torn, els requisits per rebre la prestació i es basa en la fal·làcia, juntament amb la de la inevitabilitat, més perillosa de totes: els orígens de la pobresa no rauen en un sistema econòmic i social que genera desigualtats i exclusions socials de manera inherent i patològica, sinó que es poden atribuir a un grup suposadament marginal i parasitari que o bé no s’esforça prou per sortir endavant o bé ens està estafant a la resta. Com si els minsos impostos gravats a les rendes més altes i del capital o el frau i els paradisos fiscals, entre moltes altres qüestions, no hi tinguessin res a veure. El gran triomf d’aquest mite, enarborat per la dreta catalana, l’espanyola i la de tot arreu, consisteix en individualitzar les causes d’una crisi sistèmica, estigmatitzar els pobres per mandrosos o mentiders i culpar les principals víctimes de les retallades socials i la crisi pressupostària en comptes d’assenyalar-ne els veritables responsables.

[1] Article aparegut el dimecres 7 de setembre al diari Públic, pàg. 5

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